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Fue una de las imágenes más deslumbrantes de una semana extraordinaria en la que un colorido equipo de médicos de la Universidad de Salamanca viajó a San Esteban para “buscar” al dominicano Francisco de Victoria. Era un día muy razonable: lo acompañarían al colegio al que iba a asistir. Nombrado “Doctor Honorario”. Quinientos años después de la fundación de la Escuela de Salamanca, él y sus discípulos utilizaron la Escuela de Salamanca para iluminar un nuevo orden mundial y dejaron una profunda huella en conceptos modernos como los derechos humanos, el derecho internacional y la libertad de conciencia. Actualizó la teología, el derecho, la economía y la filosofía moral. Conmemorando el 500 aniversario de su mandato como Cátedra Teológica Principal.

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