El gobierno español niega que Manuel Jesús García Caparrós, un joven malagueño asesinado a tiros por la policía militar el 4 de diciembre de 1977, durante una manifestación que pedía la plena autonomía de Andalucía, fuera víctima de terrorismo de Estado.
En una carta dirigida a las hermanas Caparros y accesible al Jornal de Andalucía, Montserrat Torija, directora general de Asistencia a las Víctimas del Terrorismo adscrita al Ministerio del Interior, consideró “indignantes” los hechos ocurridos en los que “lamentablemente (…) un policía armado mató a tiros al señor Manuel José García Caparros, provocándole la muerte”.
Acto seguido, sin embargo, el Ministerio del Interior advirtió de que estos incidentes “no entran dentro del ámbito de aplicación de la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo (2011), aunque son incidentes de extrema gravedad, considerando que la tarea principal de los miembros de las fuerzas de seguridad nacionales es proteger a los ciudadanos y ejercer libremente sus derechos”.
La familia del joven sindicalista tiene ahora un mes para recurrir la decisión del Ministerio del Interior por la vía administrativa y, si tampoco prospera, podrán en última instancia interponer un recurso judicial ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo.
El reconocimiento civil de las víctimas del terrorismo no es una simple consideración administrativa, supone poner al joven malagueño en pie de igualdad con los asesinados por ETA, GAL, Grapo o grupos yihadistas y abrir la puerta a ayudas económicas, asistencia jurídica y exenciones fiscales para su familia.
El archivo del departamento de Fernando Grande Marasca se produce pocos días antes del Día de Andalucía, el 28 de febrero (28F), que conmemora la consecución de la autonomía de Andalucía, consolidada en la Ley de Autonomía de 1981.
García Caparrós era el “querido” de Andalucía, título que le otorgó la junta militar después de su muerte, y la petición de su familia para que el gobierno le concediera el reconocimiento de víctima fue apoyada por todos los grupos del parlamento andaluz excepto Vox.
El 4 de diciembre de 1977, un millón de andaluces salieron a las calles a manifestarse exigiendo plena autonomía. García Caparrós fue asesinado a tiros durante la movilización en Málaga. Cada año, los partidos de izquierda conmemoran este día como la primera etapa de un proceso autonómico liderado por el pueblo andaluz. El gobierno de Juan Manuel Moreno designó el aniversario como Día de la Bandera de Andalucía en el calendario oficial.
Cuentas pendientes de 2007
El pasado mes de junio, las hermanas de García Caparrós, Dolores, Francesca y Prificación, escribieron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con una serie de exigencias: desclasificar y acceder al expediente secreto sobre el asesinato de Manuel José, que se encuentra en la sede del Congreso de los Diputados, reconocerle como víctima del terrorismo y reunirse con el presidente. Sólo la primera de estas tres solicitudes ha sido aprobada.
El 11 de noviembre, en el marco de la Ley de Memoria Democrática y mediante una reforma especial al Reglamento de Archivos del Congreso, el Comité de la Cámara de los Comunes aprobó por unanimidad permitir a las hermanas García Caparros acceder a los archivos desclasificados del asesinato de Manuel José.
Dolores, Francesca y Prificación visitaron el Congreso y pudieron revisar personalmente los documentos “anónimos” de la comisión que investiga su asesinato, es decir, los nombres de los implicados no habían sido tachados. De esta manera cumplieron su deseo durante casi 50 años.
Pero después de lograr ese objetivo, las hermanas Caparrós continuaron escribiéndole a Sánchez solicitando el reconocimiento oficial como víctimas del terrorismo. El 22 de octubre, el jefe de Gabinete del Gobierno del Presidente, Diego Rubio, les respondió “en nombre del Presidente” informándoles de que el reconocimiento de las víctimas del terrorismo es competencia del Ministerio del Interior y que su solicitud ha sido trasladada a este departamento para su gestión.
Sin embargo, la petición de la familia García Caparros fue errónea y desde hace dos meses el ministerio de Fernando Grande Marasca no estudia si la petición de reconocer al joven malagueño como víctima del terrorismo se ajustaba a derecho.
Los abogados que representan a la familia volvieron a enviar la carta al Ministerio del Interior el 4 de diciembre, 49 años después del asesinato del joven sindicalista, y ahora la Dirección General de Atención a las Víctimas del Terrorismo ha resuelto la cuestión de forma perjudicial para sus intereses.
“Pedimos disculpas por el retraso en responder a su solicitud de información en su primera carta. La recopilación de información de los documentos procesados en 2007 y la investigación de la situación actual nos han llevado más tiempo del inicialmente estimado”, se lee en la carta.
De hecho, en 2007, año en que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó la primera Ley de Memoria Histórica, las hermanas de García Caparros presentaron por primera vez una solicitud de indemnización por muerte ante el Ministerio del Interior en virtud de la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo de 1999.
En octubre de ese año, la solicitud fue desestimada por “caducada” y el ministerio “ignoraba” que la familia recurrió posteriormente la decisión ante los tribunales.
En 2011, el gobierno de Mariano Rajoy aprobó la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, que prevé “indemnizaciones, asistencias, beneficios, garantías y medallas, con el objetivo de reconocer y mitigar en la medida de lo posible las consecuencias de los actos terroristas”.
La hermana de García Caparrós recibió un escrito de recurso de apelación contra esta misma ley, en el que se señala que para ser beneficiario de las asistencias y beneficios previstos en esta ley se debe cumplir una de las dos condiciones siguientes: “Debe existir una decisión definitiva que reconozca el derecho a la indemnización como responsabilidad civil por los hechos y daños previstos en esta ley”; o, a falta de tal decisión, “se han llevado a cabo las diligencias judiciales correspondientes o se ha iniciado un proceso penal para perseguir hechos delictivos”.
En estos casos, concluye el escrito, “la identidad de la víctima o beneficiario, la naturaleza del daño sufrido, la naturaleza del acto o hecho causante del daño, y demás requisitos exigidos por la ley, podrán ser acreditados ante la Administración del Estado por cualquier medio de prueba admitido en derecho”.