Banderas naranjas cubrieron gran parte de la avenida Javier Prado mientras una gran pantalla instalada en un escenario frente al Ministerio de Cultura comenzaba a transmitir la ceremonia en vivo desde el Centro Nacional de las Artes Escénicas. Tan pronto como Keiko Fujimori apareció en escena, todo el público cantó al unísono: “¡Sí, es posible, sí, es posible!”. Fue un coro de venganza que resumió la reñida victoria de la hija de Alberto Fujimori, quien, por menos de un punto porcentual, se convirtió oficialmente en la primera peruana en ocupar el cargo de Presidenta de la República por votación, después de una serie de derrotas.
La líder del Poder Popular, vestida de blanco y acompañada de sus dos hijas y sus vicepresidentes electos Luis Gallarreta y Miguel Torres, recibió el certificado de manos de Roberto Bonyo, presidente del jurado electoral nacional. En primera fila estaba el actual presidente, José María Balcázar, quien entregará el poder durante las celebraciones independentistas del 28 de julio.
Este acontecimiento marcó el regreso del fujimorismo después de casi treinta años y tuvo un significado simbólico evidente. Bernio destacó que por primera vez se eligió en las urnas un equipo presidencial encabezado por una mujer. “Este es un hecho histórico para este país”, afirmó antes de felicitar a Fujimori. Sin embargo, el reconocimiento institucional coexiste con realidades más complejas. Varios grupos feministas evitaron celebrar las victorias de los candidatos durante la campaña y cuestionaron los planes de gobierno de People Power, que, según ellos, ignoraban políticas como el aborto terapéutico y la educación sexual integral para las víctimas de violación.
Aunque Fujimori no expresó su apoyo, afirmó que se trata de un hito en su discurso. “Quiero expresar el honor de ser la primera mujer electa por voto popular para ocupar la Presidencia de la República. Estoy muy orgullosa de este hecho histórico. Lo considero una enorme responsabilidad para con los millones de mujeres peruanas que han abierto el camino durante generaciones”, dijo.
Pero el centro de su intervención está dedicado a otro concepto: la reconciliación. Después de una carrera política marcada por la polarización y años de confrontación, Fujimori insiste en que su principal desafío será sanar las divisiones del país. “Esto no significa olvidar nuestras diferencias, sino aprender a construir sobre lo que nos une. Entender que ningún gobierno puede sacar al Perú adelante si la división y el odio siguen creciendo. He aprendido de mis errores y de mis aciertos, y he aprendido a pedir perdón, pero lo más importante, a perdonar. Por eso creo en la reconciliación”, dijo.
El llamado a la unidad también se refiere a la futura composición del poder ejecutivo. Fujimori evitó anunciar nombramientos, aunque continuaron las especulaciones sobre la composición del gabinete. Prometió que su gobierno no respondería exclusivamente a las filas del Poder Popular. “Nuestro gobierno estará compuesto por hombres y mujeres con reconocida capacidad técnica y vocación de servicio, independientemente de su radicalidad partidista”, aseguró. Su asesor Carlos Díaz Rossillo ya ha declarado que el presidente electo se tomará el tiempo necesario para formar “el mejor gabinete posible”.
Los dos vicepresidentes acreditados reflejan las diferentes trayectorias de la política peruana. El Primer Vicepresidente Luis Galarreta ha estado involucrado con varios grupos y ha sido un crítico del fujimorismo durante muchos años. Incluso cuestionó duramente al gobierno de Fujimori por casos de corrupción y abusos a los derechos humanos. Con el tiempo, acabó convirtiéndose en uno de los líderes clave del Poder Popular, y hoy es miembro del círculo de mayor confianza de Keiko.
Miguel Torres representa la línea opuesta. Estuvo asociado al fujimorismo desde sus inicios y mantuvo estrechas relaciones políticas y personales con el presidente electo desde su juventud. Hijo de Carlos Torres y Torres Lara, se desempeñó como Presidente del Consejo de Ministros durante el primer gobierno de Alberto Fujimori y fue uno de los principales artífices de la Constitución de 1993. En el entorno inmediato del futuro presidente también surgieron Marco Miyashiro, general retirado y exmiembro de la unidad especial de inteligencia que tomó el liderazgo de Luminoso, y César Astudillo, excomandante del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Desempeñar un papel importante en la estrategia de seguridad de la próxima administración.
El Día Político no pasa sólo con aplausos. Por la tarde, el excandidato presidencial Roberto Sánchez encabezó una marcha exigiendo la liberación del expresidente Pedro Castillo, procesado por un fallido intento de autogolpe en diciembre de 2022. La movilización resultó menos de lo esperado y se desvaneció en la noche. Un informe no vinculante publicado recientemente por un panel de expertos de las Naciones Unidas cuestionó supuestas irregularidades en la detención de Castillo y recomendó su liberación inmediata.
Fujimori asumirá la presidencia el 28 de julio con la tarea de reconstruir una institución gravemente deteriorada. Después de años de crisis, rotación acelerada y creciente desconfianza entre los ciudadanos hacia su autoridad, la imagen del presidente se ha erosionado. La misma mañana en la que presentaba sus cartas credenciales, el expresidente José Yeri, que llevaba poco más de cuatro meses en el poder, recibió la máxima condecoración del país, la Gran Cruz, en una ceremonia discreta y no televisada. El Congreso, que lo examinó, también le otorgó una medalla. José María Balcázar afronta los últimos días de su mandato mientras exige una pensión vitalicia. Con las instituciones erosionadas y la legitimidad frágil, Keiko Fujimori inició la cuenta atrás para un mandato que ha estado bajo escrutinio desde el primer día.