Desde que dejó de fumar, el comediante ha ido ganando peso lentamente en los últimos años. “Me resulta muy difícil deshacerme de él”, admite. “Remco Veldhuis, por el contrario, ha perdido mucho peso. Ahora nos estamos convirtiendo en algo así como en las buenas y en las malas en el escenario”.
No ayuda que muchos teatros hayan comenzado a ser más acogedores para los artistas en los últimos años. “En todos los camerinos hay bombones y después de la actuación hay un estante con bolas amargas y queso”, explica Kemper. Este último es en particular su gran debilidad: “Queso añejo, cubitos de queso, lonchas de queso, trozos de queso. Simplemente me gusta lo salado”.
Su compañero artístico Veldhuis era más gordo que él. “Especialmente cuando todavía fumaba. Pero él tiene mucha disciplina y le tengo mucho respeto”. En cualquier caso, Kemper menciona la “gula y la avaricia” como una de sus cualidades menos buenas. “En todo tipo de ámbitos: en las amistades, en el trato con otras personas, en las experiencias. Me aburro rápidamente y tengo poca disciplina para dejar pasar las cosas. Eso me lleva a la inquietud”.