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27 de abril de 2026 02:34 am

Todo ciudadano español mayor de 14 años debe tener un documento nacional de identidad y presentarlo cuando se lo solicite la policía. Es una medida de identificación personal que garantiza la seguridad individual y colectiva, es una herramienta para disuadir la suplantación de identidad y facilita un sinfín de trámites en instituciones públicas y privadas. Además, el DNI es suficiente para garantizar la movilidad de los ciudadanos de la UE dentro del espacio Schengen. La administración central del país tiene competencia para expedir pasaportes y DNI a los españoles, única forma de que puedan cumplir con su obligación de poseer un pasaporte. España tiene un sistema de identificación de ciudadanos muy eficaz, por lo que la cooperación entre administraciones públicas para facilitar su documentación está fuera de discusión. Sin embargo, en el País Vasco, donde siguen vigentes excepciones sensatas y democráticas, los ayuntamientos gobernados por EH Bildu están bloqueando el funcionamiento del Acuerdo Vidoc, es decir, el “Instrumento Integral de Documentación” vigente a partir de 2025. Con esta iniciativa, la Policía Nacional se desplaza a poblaciones urbanas donde se expiden pasaportes y no hay oficinas del Servicio Nacional de Inteligencia, equipadas con furgonetas para atender las peticiones de los ciudadanos en el mismo lugar.

Vidoc sólo puede prestar servicios en 17 de las 107 ciudades bajo el gobierno pro-ETA. Como lo describió Marisol Garmendia, representante del gobierno regional vasco, se trataba de un veto motivado por un sesgo ideológico. Básicamente, significa privar a los residentes de estas ciudades de servicios que facilitan el proceso, obligándolos a viajar a capitales de provincia para obtener estos documentos. De hecho, la opinión del gobierno municipal nacionalista no debería incidir en las autoridades policiales, ya que la responsabilidad del Estado de cumplir con sus obligaciones no puede dejarse en manos de un alcalde separatista y pro-ETA. Está bien condenar a estos consejos por ser evasivos, pero sólo si luego se toman las medidas adecuadas para eliminar esa resistencia. Evitar males mayores es una opción razonable en otras circunstancias, pero no cuando está en juego una función administrativa que sólo busca facilitar las cosas a los ciudadanos. La idea de que cualquier consentimiento al trabajo de un gobierno central es colaboración con un Estado opresivo es completamente ridícula y demencial, pero muestra la persistencia del activismo hostil entre aquellos que, además de blanquear el pasado terrorista de ETA y vitorear a sus asesinos, quieren transformar su ciudad en una especie de territorio “liberado” del Estado.

La inacción del gobierno de Pedro Sánchez frente a esta política obstructiva contra el Estado ha alimentado su complacencia ante la implementación de retórica nacionalista sobre los antecedentes penales de ETA, incluidas las liberaciones ilegales, como las recientemente revocadas por los tribunales nacionales.

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