21 de abril de 2026
Actualizado a las 03:34.
La inclusión por parte de María Guardiola del principio de “prioridad del Estado” en el acuerdo de nombramiento de Extremadura, firmado por el Partido Popular y Vox, ha suscitado críticas de la izquierda pero también ha suscitado recelos entre la población y sectores de la derecha conservadora. La expresión tiene fuertes connotaciones identitarias, como una concesión al pueblo de Abascal, y parece anunciar un plan general para marginar a los inmigrantes. Se debe asumir que una vez que cualquier extranjero, independientemente de su nacionalidad, es plenamente aceptado y reconocido en cualquier país o sociedad, sus derechos pasan a ser similares y propios de la ciudadanía y no puede ni debe ser objeto de ninguna forma de discriminación. Por tanto, no hay necesidad de distinguir ni discriminar entre individuos que ya disfrutan de iguales derechos, pero al conceder derechos nacionales a los extranjeros es mejor mostrar un gran entusiasmo y responsabilidad basados en el arraigo obligatorio, el compromiso y la contribución personal en todos los campos.
El acuerdo entre PP y Vox excluye “a quienes se encuentran en situación irregular del acceso a la asistencia social y a los servicios sociales estructurales, limitando el acceso a la asistencia social y a los servicios sociales estructurales sólo en casos de emergencia”, pero al mismo tiempo garantiza el cumplimiento de la “legislación vigente”. Esta no es la única parte del acuerdo que reconoce el poder del Estado, y la referencia a la “legalidad vigente” convierte la que es claramente la medida más radical en una declaración de intenciones de satisfacer las demandas de Vox pero que no puede ser ejecutada. En cuanto al acceso a la vivienda pública, el acuerdo se basa en el concepto de arraigo, imposibilitando la diferenciación entre españoles y extranjeros. Simplemente hay una clara negativa a acoger a menores extranjeros no acompañados, situación que en muchos casos es fuente de fraudes y abusos –una falsa minoría, una estrategia de los padres para luego reunirse con los menores españoles– y exclusiones ridículas de las políticas de retorno. Hay debates en curso en la UE para revisar el paradigma de tratamiento de los inmigrantes debido a los problemas de integración que plantean determinadas comunidades. Las críticas de la izquierda también son evidentemente hipócritas, ya que las únicas “prioridades nacionales” acordadas e implementadas hasta ahora son las impuestas por Junts en el acuerdo con el gobierno de Sánchez, que cubren temas como la financiación, la inmigración y la enseñanza del catalán.
El trasfondo del Pacto de Extremadura en realidad proviene de la política seguida por los decretos gubernamentales de regularización de la inmigración a gran escala, que ignoraron el impacto de la inmigración ilegal en los servicios públicos y la competencia social que provocó con la clase trabajadora. Más allá de esto, los gobiernos regionales y locales deben utilizar sus limitados recursos para gestionar la formalización, mientras los gobiernos se preparan para lavarse las manos de la rutina. En contraste, la legalización masiva generalmente no disuade la inmigración ilegal. Cuando una simple tarjeta de transporte se vuelve tan barata para demostrar sus orígenes y es suficiente para declarar su “intención” de trabajar, la ley hará trampa y el proceso eventualmente se convertirá en una cueva de fraude.