En lo que va de siglo, el futuro de la economía mundial rara vez ha presentado tantas amenazas, y la última visión de la OCDE respalda la incertidumbre fundamental que se está extendiendo por todo el mundo. Los expertos internacionales predicen que el comercio mundial colapsará debido al conflicto en Medio Oriente, los costos de las materias primas aumentarán considerablemente y la onda expansiva provocada por las enormes inversiones en inteligencia artificial (IA) se atenuará.
En lo que a nosotros respecta, el quid de la situación es más prosaico: mucho depende de cómo afrontarán los hogares españoles el inminente estallido de inflación y cómo ajustarán sus expectativas. El gasto de los hogares se ha convertido en el principal motor de la actividad económica, explicando dos tercios del crecimiento del PIB del año pasado y compensando una caída de las exportaciones debido al deterioro del entorno internacional. A medida que la inteligencia artificial despega, la inversión ha ganado fuerza, especialmente en el sector residencial. Sin embargo, estas variables tienen mucho menos peso en la dinámica macroeconómica que el consumo.
El consumo, por otra parte, se basa en el ingreso de los hogares, y una vez que se excluyen la inflación y los impuestos, ambas variables se mueven en la dirección de un poder adquisitivo decreciente. El índice de precios al consumo (IPC) armonizado aumentó un 3,6% el mes pasado, con un incremento básico del 3,3% (excluyendo energía y alimentos frescos), mientras que los salarios pactados estaban por debajo del 3%. En el frente tributario, la recaudación del impuesto sobre la renta (IRPF) ha crecido significativamente más rápido que la base impositiva de los hogares debido a tasas impositivas no deflacionarias.
Esto no significa que el consumo vaya a caer, ya que el mercado laboral continúa funcionando a la inversa, por lo que el ingreso disponible de los hogares aún puede aumentar significativamente en general. Pero para muchos consumidores, la sensación será una pérdida de poder adquisitivo y se enfrentan al dilema de depender del ahorro para mantener los niveles de gasto o, por el contrario, apretarse el cinturón.

Por tanto, el ahorro es una variable clave para interpretar el progreso económico en los próximos meses. Su comportamiento depende del grado en que persista la erosión del poder adquisitivo: si la mayoría de los ciudadanos cree que los aumentos de precios son temporales (lo que es consistente con el fin pronto de los incendios del Golfo Pérsico), los hogares tenderán a recurrir al ahorro para mantener el gasto. Por el contrario, un choque Ser percibido como duradero puede alentar el ahorro preventivo para hacer frente a tiempos difíciles.
En períodos anteriores de inflación, que coincidieron con el levantamiento de las restricciones pospandemia, los hogares decidieron seguir gastando, lo que resultó en una fuerte caída de las tasas de ahorro. Pero el punto de partida en aquel momento fue una acumulación excesiva de liquidez, incomparable con la situación actual. En definitiva, la gravedad del actual brote inflacionario es débil. Y los hogares cuentan con un cierto colchón, con una tasa de ahorro cercana al 12%, superior a la media de la serie histórica.
Por tanto, se puede esperar que la tasa de ahorro caiga, lo que sumado al aumento del empleo conducirá a un aumento del consumo privado que se mantendrá estable, probablemente en torno al 2,5%, asegurando así la continuidad del ciclo expansivo según las previsiones de la OCDE. Por supuesto, si los conflictos en Medio Oriente se intensifican y los precios aumentan, afectando las expectativas familiares, la situación no será tan amigable. A pesar de la llegada de la inteligencia artificial, el factor humano sigue desempeñando un papel decisivo.
impuesto sobre la renta
Los impuestos se ingresan rápidamente en el tesoro estatal. En abril, la recaudación en efectivo del impuesto sobre la renta de las personas físicas fue de 54.190 millones, un aumento interanual del 8,9%, en comparación con el 10,4% en el mismo período de 2025. Sobre una base homogénea, que se ajusta para tener en cuenta las declaraciones de impuestos y otros factores de calendario, el aumento fue del 10%, en comparación con el 9,6% del año pasado. Estos valores superan la base imponible (ingresos de los hogares), que aumentó un 8,2% en el primer trimestre y un 7,6% en el mismo periodo del año pasado.
Ramón Torres Es director de Coyuntura de Funcas. En X: @RaymondTorres_