El número de habitantes de la provincia de Alicante ha superado los 2 millones y los principales parámetros económicos (empleo, actividad, exportaciones) están creciendo, aunque han alcanzado “máximos históricos”, pero esta ventaja no se traduce en “un aumento de la riqueza per cápita”. para que sea … La provincia está situada a la cola de España y ocupa el puesto 45 en renta per cápita.
Ésta es la conclusión central del Anuario Económico de la Provincia de Alicante de Ineca, presentado a más de un centenar de empresarios y autoridades de la provincia, que analiza la evolución económica de la región desde principios del siglo XXI.
El estudio destaca que la provincia ha duplicado su PIB en un cuarto de siglo, superando la barrera poblacional de los dos millones de habitantes (a mucha distancia de Sevilla), además de aumentar el empleo, las pernoctaciones turísticas y las exportaciones.
Sin embargo, su renta per cápita es sólo el 74,4% de la media nacional, ocupando el puesto 45 en el ranking provincial, y como subraya el presidente del INECA, Alfredo Millá: “Nuestra renta crece, pero estamos perdiendo nuestra ventaja relativa; Alicante avanza, pero no converge.
Según su análisis, detrás de esta paradoja hay una realidad estructural: las empresas alicantinas son de media un 25% más pequeñas que la media nacional, lo que limita su productividad y capacidad inversora.
A esta posible debilidad se suma un problema más reciente: las condiciones para comprar una primera vivienda se han endurecido, convirtiéndose en una cuestión social importante por primera vez desde 2008, ya que hoy se necesitan nueve años de salario para comprar una casa.
Además, a nivel institucional, el déficit inversor acumulado del Estado y de la Generalitat Valenciana en la provincia asciende a 2.643 millones de euros, “lo que dificulta” la mejora de las infraestructuras y la consiguiente competitividad. “Este no es un hecho anecdótico porque determina las mejoras en infraestructura y nuestra capacidad de competir”, subrayó Mira.
Para Paco Llopis, director de investigaciones del Ineca, todos estos síntomas apuntan a la misma causa. Un modelo amplio que requiere mucho trabajo pero tiene poco valor añadido. Este artículo se basa en tres ideas que explican por qué agregar más recursos ya no es suficiente.
El primero es el rendimiento marginal decreciente: agregar más empresas, turistas o personas sin mejorar la estructura crea cuellos de botella en vivienda, infraestructura y talento, por lo que cada esfuerzo produce menos producción, dijo Lopis.
La segunda es lo que se llama “escalabilidad territorial”. Un territorio realmente crece cuando la actividad y el bienestar aumentan sin que los costes estructurales aumenten al mismo ritmo, aprovechando mejor lo que ya tiene en lugar de acumular más, como se define el concepto.
En tercer lugar, la función de producción: “Lo decisivo no es sólo tener empleo y capital, sino saber conectarlos a través de la innovación, la colaboración y la transferencia de conocimiento”, explica.
“Las regiones líderes no son las que tienen más recursos, sino las que mejor saben combinarlos”, concluyó el ejecutivo de Ineca.
Agenda de diez desafíos hasta 2031
A partir de este diagnóstico, el Anuario propone una respuesta, la llamada Agenda 2031, que traduce el análisis en diez desafíos con indicadores y metas mensurables. Nueve son productivos y pueden atacar directamente los cuellos de botella detectados.
Hoy, el PIB per cápita es el 86,9% del promedio nacional y el objetivo es llegar al 90-92%. Reducir la brecha de productividad es el primero de estos desafíos. Además, diversificar la estructura sectorial y reducir la dependencia del turismo y la construcción; Modernizar la industria a través de exportaciones, automatización y diseño ecológico.
En otras dos áreas clave de actividad de la economía alicantina, Ineca aboga por una transición hacia la agricultura, cuya productividad es el 56% de la media nacional pese a su pobre historial exportador, o hacia el turismo sostenible, con más gasto y menos estacionalidad.
Sin olvidar las cuestiones más apremiantes, ya que existe una necesidad urgente de facilitar el acceso a la vivienda; además de mejorar el capital humano, con un desempleo que casi duplica el promedio nacional; fortalecer la inclusión financiera; y completar infraestructuras y logística, pero el corredor mediterráneo sigue sin resolverse.
“Pero detrás de todos los demás está el décimo desafío: la gobernanza”, subrayan. El estudio lo considera decisivo porque ninguno de los otros nueve podría sobrevivir sin una “arquitectura institucional sólida”. Para reforzarlo, propone acciones como “presupuestos basados en resultados, observatorios provinciales, oficinas de recaudación de fondos, datos abiertos y un aumento de la inversión pública del 4,6% al 10% de los ingresos”.
Con esto concluye el Anuario y el foco pasa de la cantidad a la organización de los recursos. “El futuro de Alicante no depende de su producción, sino de cómo organiza los recursos, comparte conocimientos y convierte la cooperación en prosperidad”, afirmó Lopis. En definitiva, a su juicio, “ninguno de los otros nueve desafíos es viable sin una sólida arquitectura institucional”.