La información sobre nutrición, tecnología o salud es una preocupación creciente, pero el ecosistema en el que opera está plagado de estafas difíciles de evitar, detectar y detener. En 2022, el primer informe de España sobre desinformación científica decía que una de cada 10 personas no estaba del todo segura de si la información que recibía era cierta. En ese momento, la pandemia de coronavirus todavía inundaba los medios de comunicación, con mucha desinformación científica sobre las vacunas, las cifras de muertes o las rutas de infección. Ahora, dentro de este ecosistema, la inteligencia artificial (IA) y las bromas, ya sea que se difundan a través de canales digitales o de boca en boca, tienen una mayor influencia en nuestro bienestar diario o en el cambio climático.
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