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El Oriente de Asturias alberga algunos de los espacios naturales mejor conservados del norte de España, espacios protegidos con valor ecológico, paisajístico y turístico. En este contexto, el Concejo de Ponga es uno de los enclaves más representativos por su biodiversidad y las rutas de senderismo que ofrece.

La ciudad está situada al sureste del principado, conectada directamente con el departamento de León, y forma parte de una red de espacios protegidos que incluye el Parque Natural de Ponga. Desde 2018, su territorio también está reconocido como Reserva de la Biosfera por la UNESCO, lo que realza su importancia ambiental a nivel internacional y garantiza la protección de su ecosistema.

Además de sus fronteras con León, el concejo también limita con otras ciudades asturianas como Pilogna, Parres, Amieva y Caso. Esta situación geográfica le permite fusionar paisajes montañosos, valles y bosques, manteniendo un alto grado de protección y una presencia humana relativamente escasa en comparación con otras zonas del norte peninsular.

En este contexto, el turismo activo ha recibido cada vez más atención en los últimos años, especialmente a través de ofertas relacionadas con el senderismo y la observación de la naturaleza. Entre ellos destaca el recorrido al Bosque de Pelonio, una de las zonas más famosas del Parque Natural y ejemplo representativo del ecosistema forestal de la zona.

Ruta del Bosque del Pelonio

El itinerario por el Bosque de Peloño, situado dentro del Parque Natural de Ponga, permite explorar uno de los hayedos más extensos y mejor conservados de Asturias. Se trata de un entorno forestal de gran valor ecológico, caracterizado por la continuidad del cuerpo arbóreo y la presencia de especies propias de estos bosques.

A la ruta se puede llegar desde diferentes accesos, entre ellos Cangas de Onís o la localidad leonesa de Oseja de Sahambre, aunque uno de los puntos de partida más populares es el mirador de Les Bedules. El enclave ofrece amplias vistas del valle de Punga y, en dirección opuesta, de los picos del monte Europa. Además, cuenta con una pasarela modificada para facilitar el acceso al primer tramo a personas con movilidad reducida.

Desde aquí parte una pista forestal, siguiendo el trazado de los antiguos caminos tradicionales utilizados por los arrieros para el transporte de mercancías entre valles. La ruta se caracteriza por un pavimento cómodo y un trazado amplio, lo que facilita el desplazamiento por el bosque incluso durante jornadas largas. La señalización existente permite seguir el recorrido sin dificultad.

A medida que avanzas, los alrededores están dominados por altos hayedos, creando un ambiente fresco y húmedo durante gran parte del año. Este tipo de bosque favorece temperaturas más estables, lo que hace más cómodo caminar cuando hace calor. Es habitual en este entorno la presencia de aves forestales como pájaros carpinteros o arrendajos.

Después de unos tres kilómetros se llega al paso de Grancheno, donde se encuentra una fuente y es un punto de descanso habitual para los excursionistas. Desde este lugar parte un pequeño desvío que conduce a un haya muy antiguo, considerado uno de los elementos singulares de la ruta por su tamaño y longevidad.

A medida que avanza la caminata, el paisaje va cambiando poco a poco. Las hayas van siendo sustituidas poco a poco por robles dispersos, hasta llegar al famoso Roblón de Bustiello, un roble albar gigante que destaca por su tamaño y se ha convertido en uno de los puntos más fácilmente identificables del recorrido dentro del parque.

El viaje continúa hasta el paso de Guaranga en el extremo norte del hayedo. La zona conserva restos de posiciones defensivas de la Guerra Civil, especialmente antiguos emplazamientos de ametralladoras, aportando un componente histórico al recorrido. Desde aquí también se puede ver directamente el pico Cenderos Mulos y otras tierras altas cercanas.

Para aquellos que decidan continuar, esta carretera les llevará a los Llanos de Arcenorio, un tramo de pasto de montaña debajo de Peña 10. En este enclave, varios edificios pastoriles tradicionales están flanqueados por un pequeño monasterio, que refleja el uso histórico de estos espacios. Esta es también una zona donde se pueden observar especies de plantas alpinas.

El recorrido completo son aproximadamente 28 kilómetros ida y vuelta y es un recorrido muy exigente si se realiza en su totalidad. Sin embargo, esta ruta se puede adaptar a diferentes niveles de preparación física, ya que es posible caminar solo una parte del recorrido y regresar por el mismo recorrido sin perder los principales atractivos del bosque.

Esta flexibilidad, unida a la calidad del entorno y la accesibilidad del primer tramo, hacen del Bosque de Pelonio una opción habitual para los excursionistas frecuentes y aquellos que buscan una experiencia tranquila en contacto con la naturaleza sin tener que recorrer rutas muy difíciles.



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