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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el lunes una orden ejecutiva que clasifica el fentanilo, una droga 50 veces más adictiva y poderosa que la heroína, como un “arma de destrucción masiva”. “Ninguna bomba puede hacer eso. Sabemos que 200.000 o 300.000 personas mueren cada año”, dijo el presidente, sumándose a las decenas de miles de muertes por sobredosis de opioides cada año. La designación, que los republicanos llamaron “histórica”, amplía en gran medida la autoridad del gobierno de Estados Unidos para combatir los opioides sintéticos, informaron organizaciones de noticias.

“Este paso crítico libera todas las herramientas para combatir los cárteles y las redes extranjeras que inundan las comunidades con esta sustancia mortal, una de las principales causas de muerte entre los estadounidenses de 18 a 45 años”, subrayó la Casa Blanca en un comunicado.

La firma de esta orden ejecutiva es un paso más en el endurecimiento de las políticas antidrogas en las que ha estado involucrada la administración Trump desde que Trump regresó a la Casa Blanca. Uno de sus objetivos es atacar a los cárteles mexicanos, a los que designó como organización terrorista extranjera en febrero, una medida que generó controversia sobre una posible invasión militar estadounidense a México.

El gobierno mexicano ha rechazado rotundamente la posibilidad; Washington lo ha descartado, aunque está tendiendo la mano para ayudar. El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo: “Si necesitan ayuda, tienen que pedirla”. Y añadió: “Estamos dispuestos a brindarles cualquier ayuda que necesiten. Obviamente, no quieren que intervengamos. No tomaremos medidas unilaterales ni enviaremos tropas estadounidenses a México”.

Pero México no es el único objetivo de esta lucha contra el narcotráfico. El gobierno de Estados Unidos también ha puesto su mirada en el Mar Caribe, donde múltiples ataques militares contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico han matado a más de 80 personas. Varios miembros demócratas del Congreso han advertido que uno de los ataques ordenados por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, puede haber violado las normas internacionales y haber sido considerado un crimen de guerra. Trump prometió que “pronto” también comenzarían los ataques terrestres en esta “campaña contra el narcotráfico”.



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