Grandes actos celebrados en el Estadio Metropolitano de la Aviación de Riad se han saldado con al menos tres sanciones por superar los límites acústicos, según una carta enviada por el Defensor del Pueblo a la Asociación de Vecinos Las Moussas-Las Rozas. El documento detalla multas de 180, 500 y 80.800,80 euros por infracciones en 2025. El documento obtenido por este medio y firmado por Ángel Gabilondo acredita que actuaciones como el concierto de AC/DC del 16 de julio de ese año, el concierto de Imagine Dragons del 28 de junio y el Campeonato de Fútbol Base fueron sancionados por infringir la normativa sobre ruido, con multas que van desde infracciones leves hasta infracciones muy graves por ruido nocturno superior a 7 decibeles. Ahora, los interrogantes rodean a Bad Bunny y sus diez conciertos.
El Defensor del Pueblo, por su parte, decidió suspender la actuación a la espera de sentencia de la Fiscalía Provincial de Madrid, que actualmente examina el caso. “El organismo considera que la Fiscalía se encuentra actualmente investigando hechos denunciados por la Asociación de Vecinos Las Mousas-Las Rozas y por lo tanto no procede continuar con la investigación que se ha iniciado”, señala el escrito.
Este diario también reseñó la acusación presentada ante la Fiscalía de Medio Ambiente, en la que la junta vecinal denunció al barrio afectado por el MetLife Stadium por “exceder deliberadamente los límites de ruido” e insistió en que los vecinos sufrieron “altísimos impactos ambientales” con niveles de presión sonora que “superaron repetidamente los 56 decibeles y alcanzaron los 70 decibelios en las primeras horas de la mañana”, lo que superaba el “límite nocturno” que marca la normativa.
La información enviada a los vecinos no se limitó a justificar tal prohibición, sino que también incluyó una revisión de las denuncias registradas y las respuestas municipales, así como documentación de sanciones en base a las mediciones acústicas realizadas durante el concierto. En algunos casos, las mediciones confirmaron el incumplimiento de los límites autorizados y dieron lugar a procedimientos sancionadores, incluido uno iniciado por AC/DC Concerts, que culminó con la imposición de una multa de 80.800,80 euros después de que los niveles de ruido nocturno superaran los 10 decibeles.
Las cifras contrastan con las declaraciones del ayuntamiento, que ha argumentado en los últimos meses que “se cumplieron las normas más allá de determinadas circunstancias” en el estadio en medio de una creciente presión vecinal por los incidentes multitudinarios. Los comités vecinales llevan años denunciando las molestias que causan los conciertos y concursos, molestias que se han intensificado a medida que han ido creciendo los eventos musicales a gran escala.
El conflicto se ha intensificado en las últimas semanas con la celebración de diez conciertos de Bad Bunny, y los vecinos vincularon la serie de actuaciones con “cierres de calles, congestión del tráfico, ruido, suciedad y tensiones vecinales” y reavivaron las quejas ante varias agencias. El grupo afirmó que los problemas no son específicos sino estructurales: los estadios con grandes aberturas laterales “son una fuente inagotable de ruido” y la falta de licencias permanentes para eventos no deportivos, lo que obliga a que cada evento tenga una licencia especial que apele al “interés general y cultural”.
En su artículo, Gabilondo también deja la puerta abierta a que se reabra la intervención si la investigación penal fracasa: si el incidente “no tiene relevancia penal” pero “podría constituir algún tipo de infracción administrativa”, el afectado puede volver a contactar con el Defensor del Pueblo.
Mientras tanto, la atención se centra en la Fiscalía, que, en un debate que cuestiona el modelo de conciertos masivos de la ciudad y su idoneidad para zonas residenciales, debe pronunciarse sobre denuncias que involucran no sólo ruido, sino también problemas recurrentes de movilidad, suciedad y saturación en entornos residenciales.
A finales de octubre, la asociación escribió una carta al Defensor del Pueblo solicitando su intervención. El 19 de marzo, su propietario Gabilondo accedió a tramitar la denuncia y solicitó información al Ayuntamiento de Madrid. La campaña representa otro paso en un conflicto que, según los vecinos, se ha arraigado después de años de quejas sin respuestas efectivas. En la carta, el grupo sostenía que el gobierno había ignorado repetidamente las quejas por ruido a pesar de la intervención policial y la elaboración de un informe técnico independiente que, según ellos, confirmaba que se superaban los niveles sonoros permitidos. También destacaron las características del estadio, heredadas del antiguo Pennetta Stadium, con grandes aberturas transversales que actúan como amplificadores de sonido los días de evento.
Por ello, de conformidad con los artículos 43 y 45 de la Constitución -derecho a la salud y derecho a un medio ambiente adecuado- la asociación exige medidas que van desde la reducción del aforo hasta el cierre preventivo del estadio si no se corrigen los defectos. También propusieron soluciones concretas: restringir el tráfico de los residentes el día del evento, mejorar el transporte público, instalar medidores fijos de ruido y contaminación y mejorar el acceso por carretera. Las quejas por la actual prohibición de grandes conciertos en el Santiago Bernabéu han llegado al Estadio Metropolitano.