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El martes, Jesús Gómez, bombero forestal del departamento de gobierno, pintó ante el juez Dana un dramático cuadro de lo que sucedió en su departamento el 29 de octubre de 2024, un día trágico en el que murieron 230 personas. Los testigos esperaban ese día la activación: “Ese día perdimos 250 personas operativas. La organización estaba desorganizada, además de las circunstancias”, afirmó.

Los bomberos forestales explicaron que “normalmente” trabajan cada día 106 personas, y los refuerzos suponen un aumento de unas 20 a 25 personas, elevando el total a 130 personas.

“Entonces tienes 130 personas, hasta 805 personas, y al resto nos deberían obligar a trabajar desde cero minutos, pero eso no está pasando y estamos esperando a ver si nos van a llamar. Es un caos. No hay una cadena de mando para dirigir y hacer lo que hay que hacer”, dijo Gómez.

El día del incidente, los bomberos forestales concluyeron que, además de la falta de personal operativo, también faltaban las “circunstancias del caso” y el mando.

Uno de los abogados acusadores preguntó a un testigo quién debería enviar refuerzos operativos. “Mando de Emergencias”, respondió Gómez, en referencia al Gobierno valenciano.

Dos unidades de los bomberos forestales desplegadas para controlar el flujo de agua en el desfiladero el día de los daños se han retirado a sus respectivas bases, según una decisión que investiga un juez de instrucción. Un técnico afirmó que la decisión dejó “ciegos” a los servicios de emergencia.

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