Hace un mes, Pedro Sánchez, a petición propia, pidió comparecer ante el Congreso de los Representantes para explicar “la situación política relacionada con la última investigación judicial conocida”. Sin embargo, la iniciativa no fue suya, sino forzada por su debilidad. … Parlamento, si no está de acuerdo voluntariamente, sus socios tienen mayoría suficiente para forzar una sesión plenaria temática. Una vez que terminó el debate, la rendición de cuentas resultó ser una ilusión. El presidente del Gobierno acudió a los tribunales para defenderse y no para asumir la responsabilidad política del escándalo que amenazaba a su partido y a su gabinete.
Sánchez no ofreció ninguna explicación sobre las diferentes conspiraciones de corrupción que le rodean y centró gran parte de su intervención en aquellas que afectaban o habían afectado al Partido Popular. La estrategia de defensa se logra a través de la victimología buscada por la oposición, a saber “Disputas judiciales», “confunde” a los ciudadanos y cierra, y envía una advertencia a los marineros: nada interferirá con su mapa de ruta. “¿Cómo no podríamos continuar?” se preguntó a sí mismo. En Moncloa creen -y por eso impulsaron una conferencia sobre la corrupción- que les beneficiaría que el debate estuviera guiado por las reacciones a la misma, porque les permitiría afrontar el modelo del PP. Desde la perspectiva de exigir una respuesta rápida a los casos que ocurren dentro del Partido Socialista de los Trabajadores y el gobierno, esto les da la oportunidad de evitar explicaciones.
Sánchez repasó brevemente las diferentes causas que dominaron lo que llamó “el debate público” en un intento de calmar la “frustración y la decepción” de los españoles que creen que “todos somos iguales”. Usó “humo” para acusar a la oposición de “distorsionar la realidad”. El Presidente trabajó primero en el caso que ya había sido dictado, por el cual su exsecretario de Transporte, José Luis Ábalos, fue condenado a 24 años de prisión. Líderes del Ejecutivo lo definieron como un “caso flagrante” que afecta a “determinadas personas” que utilizaron su poder e influencia en el Ejecutivo para “ganar dinero”. Su primera y única reacción hasta el momento.
“Los elementos corruptos no deberían quedar impunes en este país. No importa quiénes sean”, dijo, señalando que aquellos que “empañan la reputación del Partido Socialista y de mi gobierno deben pagar un precio”. El presidente intentó atribuir toda influencia, es decir, desde Santos Cerdán a Lleridias, pasando por la SEPI, a la secretaría organizativa del Partido Socialista Obrero Español, pidiendo no “prejuzgar” mientras la investigación aún esté en curso. Poco hay que añadir, porque para Sánchez, “el Partido Socialista Obrero Español no recibió financiación anormal, y si esto ocurrió, fueron otros los que se aprovecharon de sus recursos”. “
Durante el debate, la investigación continuó y antes de finalizar la reunión, la UDEF descubrió que José Luis Rodríguez Zapatero había recibido 200.000 euros de una empresa fantasma “en beneficio de una empresa peruana”. Todo lo que afecta al expresidente tiene especial incidencia en las filas del socialismo, Sánchez, consciente de ello, pidió “no sacar conclusiones” y volvió a pedir la presunción de inocencia del expresidente y una nueva solidaridad. Dijo: “Defiende sus actividades privadas con inquebrantable convicción y esa convicción y su carrera política explican la confianza que merece en nosotros y la confianza que merece en mí personalmente”.
En Moncloa recuerdan que fueron sus actividades privadas las que influyeron en Zapatero y lo pusieron bajo investigación, mientras que en el Gobierno, Sánchez se cuidó de argumentar que no hubo ilegalidad ni trato preferencial en el préstamo a Plus Ultra. Recordó que el rescate fue aprobado por el Consejo de Ministros y reconocido por diversos organismos independientes. “No hay dudas sobre las acciones del poder ejecutivo”, señaló.
“Los corruptos no deberían quedar impunes en este país. No importa quiénes sean”
Con el tiempo, Sánchez comenzó a evaluar casos que involucraban a su familia. “No es fácil hablar de ellos porque impactan a las personas que amo y porque sé sin lugar a dudas que se basan en el acoso y la destrucción”, dijo. El presidente ha vuelto a rescatar la doctrina del “ciclo del engaño”: las noticias publicadas en “pseudomedios” son explotadas con fines políticos y posteriormente presentadas ante los tribunales en forma de denuncias que se prolongan durante años, constituyendo, en su opinión, “una serie coordinada de acciones destinadas a socavar la actuación del poder ejecutivo”.
Sánchez, blandiendo el informe de la UCO en defensa de su hermano y su mujer, recordó que los cargos no fueron reconocidos por la fiscalía y dejó un mensaje el día que Begoña Gómez tuvo que entregar su pasaporte en el juzgado. Sostuvo que algunas medidas cautelares “superaron todos los límites razonables e incluso pusieron en duda el trabajo de la policía”. Tras el viaje, Sánchez hizo un llamamiento a las víctimas y emitió un comunicado ante el poder judicial: “Sólo pido que la justicia sea justa”, afirmó, añadiendo que “creería en la justicia en nuestro país, aunque algunas decisiones sean difíciles de compartir y comprender”.
El presidente volvió a insistir en que “nunca he conocido ni toleraré nada de esto” de corrupción, provocando risas generalizadas en las bancadas del PP y Vox. También destacó que “el Partido Socialista Español no fue objeto de financiación ilegal” y “si pasó algo fue todo lo contrario y otros se aprovecharon del Partido Socialista Español”. “No aceptaremos que la corrupción sea un hecho inherente y seguiremos trabajando en ello”, afirmó.
“Ustedes son el pasado y el presente corruptos, no pueden ser el futuro de este país”, le dijo Sánchez a Feyo.
Lo más parecido a la autocrítica es la frase final, un comentario algo impuesto que admite “no somos perfectos”, “no somos infalibles” y pide seguir adelante. “No cometeremos el error de quedarnos callados, de rendirnos u olvidar que esto no es cosa nuestra ni de ellos, sino de los millones de españoles cuyo futuro depende de las decisiones que tome el Gobierno cada martes”. Pero para el presidente, el debate es sobre el modo confrontacional, por lo que en su respuesta se dedicó a corregir la capacidad del líder opositor Alberto Núñez Feijóo para abogar por la revitalización. “Ustedes son el pasado y el presente corruptos, no pueden ser el futuro de este país”, espetó.
En este punto, Sánchez acusó a Feijiao no sólo de “tolerar siempre la corrupción dentro de sus filas” sino también de “explotar la corrupción en su propio beneficio”. “La verdadera prueba no es cómo lidiar con la corrupción de otros, sino cómo lidiar con tu propia corrupción, y no pasaste esa prueba”, lo reprendió. Además, el presidente volvió a expresar dudas sobre la posibilidad de que el Partido Popular disponga de información privilegiada que afecte a la marcha de las causas judiciales entre el Partido Socialista de los Trabajadores y el Gobierno. “¿Cómo conseguiste toda esta información (de Feijóo), quién te la filtró y, lo más importante, qué querías a cambio?”, preguntó, ofreciendo dos posibles respuestas: “O tienes un don para predecir el futuro, o tenemos que asumir que estás involucrado en actividades ilegales y eres demasiado vago para ocultarlo”. “