Para muchos solistas en mitad de su carrera, la dirección de orquesta debe ser una tentación. Se puede entender que, a pesar del vasto repertorio del violín, exista un deseo de acelerar después de décadas de enfrentarse a algunas de las partituras más diversas y exigentes para este instrumento. … Párate frente a la orquesta y crea música desde otra perspectiva.
Reinaud Capuçon (Chambéry, 1976), actualmente artista residente en el Palazzo della Musica de Valencia, es uno de los casos más consolidados de solista que da el salto a dirección de dirección. Lo viene haciendo desde aproximadamente 2017, y los resultados que vimos en este concierto fueron muy satisfactorios, con un Brahms fuerte y el siempre problemático y destacable Concierto de Schumann.
A partir de las obras concertantes, los tiempos parecen situar esta partitura en su debido nivel y verla como un vínculo entre dos obras maestras como son el Concierto de Beethoven y el Concierto de Brahms, como afirmó Menuhin. Recordemos que en aquel momento, esta partitura fue guardada en un cajón olvidado por el propio Brahms y otros, y no volvió a verse hasta los años treinta.
Cada vez que escucho este concierto me pregunto qué extrañas razones hay para encontrarlo inaceptable, que tienen que ver con la locura temprana que atacó al pobre Schumann. No podemos pasar por alto que la Orquesta Valenciana estrenó esta obra ya en pleno siglo XXI, especialmente en 2015, de la mano de la gran virtuosa Isabelle Fausto.
Estamos aún en la fase de justificación de este trabajo, para lo cual cada interpretación debe reflejar los valores de un concierto complejo, especial, pero que nunca falte calidad. Ya sea el movimiento lento o el rondó final en el sentido tradicional, su sensibilidad y estructura alcanzan el nivel de las grandes partituras de concierto para este instrumento y son incuestionables.
Por supuesto, el primer movimiento épico requiere de un gran músico que le dé un significado preciso. Capuçon lo logró a través de una lectura apasionada y musical de su extraordinario Guarneri (que en su momento perteneció a Isaac Stern). Quizás más bien falte algo más épico. No es fácil dirigir estas grandes obras de concierto con el mismo violín, pero el efecto es notable. Vemos, al menos en esta obra, que cuando el solista tiene sustancia en ambos ámbitos, el objetivo se consigue. No hay duda de que este es el caso de Capuçon.
El bello movimiento lento, no exento de modernidad, interpretado con un lirismo personal e incluso ternura, finaliza sin interrupción con el movimiento virtuoso, a ritmo de polanzaz, que cierra de maravilla el concierto. Capuçon se acercó a él con suavidad, incluso un poco apresuradamente.
Atrás quedaron los días en los que las exigencias de la Orquesta de Valencia al catálogo sinfónico de Brahms eran siempre demasiado altas, más o menos como un lanzamiento de moneda, para influir demasiado en la batuta del director situado al frente de la formación. De lo que hoy podemos estar seguros es de que la calidad de la música que ofrece la orquesta está garantizada, según unos estándares interpretativos con los que estamos más o menos de acuerdo, y que las lecturas muchas veces siempre están por encima de las exigencias técnicas de los solistas y del conjunto.
Precisamente, en el apartado de solistas, la flauta, el oboe y la 1ª trompa recibieron menciones honoríficas en su exigente intervención, y también en timbales fue citado el joven valenciano Andreu Ferrandis, actual solista de la famosa Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, que no hace más que continuar la lista de excelentes percusionistas que han abandonado nuestra tierra en los últimos años.
Se habla mucho del viento, pero ¿qué pasa con la percusión? Las reservas del crítico sobre lo que los músicos de Chambery lograron con una obra célebre, rica en contenido y llena de peligros, se disiparon rápidamente. Lo interesante de la lectura de Capuçon es que tiende a la pasión sin necesariamente engordar el sonido, y traduce esta pretensión en fraseo y control de la dinámica, dando como resultado una atractiva combinación de ligereza e intensidad estampada por una técnica de dirección intensa, casi extática. La participación de los profesores de orquesta fue apreciada y se sintieron cómodos bajo la batuta del director francés, lo que se reflejó en los destacados resultados obtenidos.
El programa abrió con la maravillosa “Obertura trágica”, también interpretada por el compositor de Hamburgo, en la que el director francés aportó una intensidad y una pasión muy alejadas de las alusiones a la tragedia y el drama. Se trata de una versión en la que prevalecen la belleza y el orden, cualidades que quedarán demostradas en la citada Segunda Sinfonía. El concierto fue muy disfrutado por un público que llenó dos tercios de la sala, y por razones que desconozco durante esta temporada, aunque la asistencia fue aceptable, fue difícil llenar a Iturbi en muchos eventos, más aún por el repertorio.
viernes, 29 de mayo de 2026
Palacio de la Música
Obras de Schumann y Brahms
Orquesta Valenciana
Renaud Capuçon, violín y director musical