Rajoy se escuda en el “ni quiero ni puedo” para evitar las negociaciones con el independentismo, y ahora el Partido Popular no ha dejado clara cuál será su estrategia para Cataluña si consigue restablecer el Gobierno
El Tribunal Constitucional recibe el visto bueno europeo ante su próximo enfrentamiento con el Tribunal Supremo por el indulto de Puigdemont
“Ni quiero ni puedo” es la clásica frase de Mariano Rajoy ante este proceso. El presidente del gobierno en ese momento y líder del Partido Popular no quería ni podía, comprensiblemente, negociar un referéndum, pero tampoco estaba dispuesto a negociar o incluso entablar un diálogo sobre cualquier otro tema que pudiera atraer el consentimiento de la mayoría de la sociedad catalana. Cuando todo estalló, el gobierno también desistió de buscar una solución al enorme conflicto constitucional que se había producido, y todo quedó en manos de los tribunales, que intervenían en los conflictos políticos a través del derecho penal.
Fue en este contexto, después de la amnistía en la que la Asociación Española de Trabajadores Sociales necesitaba un grupo de trabajo conjunto para invertir en Pedro Sánchez, que surgió la ley de amnistía y sólo se aprobó casi siete años después del 1 de octubre. En aquel momento, cientos de personas habían sido condenadas o procesadas por motivos relacionados con el proceso de indulto, la situación política aún no se había normalizado, Carles Puigdemont no podía regresar a Cataluña y Oriol Junqueras estaba inhabilitado para presentarse.
Atrás quedó la frustración y la rigidez política y a través de la negociación y el diálogo se empezaron a dar pasos. El objetivo es poner fin a una situación que no sirve a nadie y no responde a las expectativas de la mayoría. Nadie familiarizado con la política catalana puede decir que la ley de amnistía no logró este objetivo.
Una vez que el Congreso expresa la voluntad clara del poder legislativo al convertir la amnistía en ley, los “no quiero y no puedo” comienzan a centrarse en la segunda parte. Esto es deseable, pero ¿es posible? Algunos insisten en que no. No sólo desde el ámbito político, sino especialmente desde el judicial. La negativa a conceder la amnistía a Puigdemont y Junqueras por haberse enriquecido al no pagar de su propio bolsillo el referéndum constituye un giro jurídico que actualmente está pendiente de decisión del Tribunal Constitucional.
Los tribunales nacionales y el Tribunal de Cuentas, entre otros, han planteado cuestiones preliminares al Tribunal de Justicia de la UE sobre si una amnistía por delitos de terrorismo sería apropiada o si una condena por corrupción afectaría la financiación europea. En definitiva, preguntan por la compatibilidad de la ley de amnistía con el marco jurídico de la UE.
Todo ello ha quedado aclarado este jueves por la sentencia del máximo tribunal de la UE, que, por cierto, evita expresiones que nada tengan que ver con el lenguaje jurídico, un ejemplo que algunos de nuestros tribunales deberían seguir y por tanto incluir floridos innecesarios en sus escritos. La sentencia de Luxemburgo avala efectivamente toda la norma penal del olvido, con la única excepción de la obligación de cumplir con las precauciones, aspecto en el que la redacción ya es muy cuestionable.
Con este importante apoyo europeo, el Tribunal Constitucional podrá completar más fácilmente la verificación de la amnistía, que ya ha hecho en parte, aunque no profundiza en el fondo del asunto. La decisión final se tomará en la tan esperada sentencia. El propio tribunal prefirió no emitir el fallo hasta conocer el dictamen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero ahora, con las cuestiones europeas zanjadas, todo apunta a que finalmente se pronunciará en otoño.
Si el Tribunal Supremo certifica que la norma es constitucional, resultaría difícil, si no imposible, negar la amnistía a Puigdemont, Junqueras y otros afectados. Y se confirmará que el “no podemos” se reduce al “no queremos”, algo que el Tribunal no debería permitirse hacer en una democracia que tanto se jacta.
Aparte de Sánchez y los beneficiarios directos de la amnistía, el primer actor que finalmente resolvió este lío fue Alberto Núñez Feijóo, al margen de lo que dijera la ciudadanía y de lo que José María Aznar calificó de “un ataque incendiario a la ley”.
“Diez años después, Cataluña todavía está intentando recuperarse de este enorme y tóxico proceso”, afirmó el Partido Popular en un comunicado el jueves. La pregunta que debería hacerse el partido es qué ha hecho para contribuir a esta recuperación. Porque la incógnita no es qué hizo Rajoy en Cataluña, que ya sabemos, sino qué haría Feicho si llegara a Moncloa. Hasta el momento, el PPP todavía no ha respondido a esta pregunta.