El presidente en funciones de Castilla y León, Alfonso Fernández Manueco (PP), afronta actualmente su discurso de toma de posesión tras ser elegido por tercera vez como candidato, en el que una vez más no consiguió la mayoría absoluta. En 2022 pactó por segunda vez con Vox, aunque el partido de Abascal abandonó el Gobierno en 2024.
Declaró: “A través de la inauguración del Congreso, se formaliza un verdadero ‘pacto legislativo’, y los futuros gobiernos obtendrán legitimidad directa, vinculándola a la voluntad expresa de nuestro pueblo”. Manueco también propuso un cuerpo legislativo opuesto al gobierno central. “Con un ejemplo así – y él habla de ello – no es sorprendente que en nuestra sociedad se esté difundiendo una imagen oscura de la política, vista sólo como una fuente de ruido, frases vacías o gestos sin sentido”. Como resultado, afirmó, “las historias prevalecen sobre los argumentos, la democracia se reduce a la observación demográfica, la propaganda reemplaza a la razón”.
Hubo referencias a la corrupción en otros países: Manueco quiso “evitar la normalización de la degradación que vemos hoy en la vida política española” y trabajó para que España “no se acostumbre a la incompetencia, la corrupción y la mentira”.
Del ‘seres humanos no se pueden tirar al mar’ a las ‘raíces comprobables’, el giro xenófobo de Manueco
Como era de esperar, habló de “Prioridad Nacional”, el buque insignia del programa de Vox que Manueco debe reconocer: “Inspirándonos en el principio de la llamada ‘Prioridad Nacional’, nos comprometemos a establecer una distribución equitativa de los recursos públicos basada en el arraigo real y comprobable de los beneficiarios en nuestras tierras”, afirmó. Consideró que era “algo muy fácil de entender” si se eliminaba la “incitación interesada”. Para recibir los beneficios hay que acreditar, “con independencia del origen, un vínculo legal, válido y estable con Castilla y León”. Así lo defiende, sin mencionar directamente que los inmigrantes deben acreditar un determinado número de años de residencia para poder recibir una vivienda protegida, ya sea en venta o en alquiler, como acordó con Vox. Esto, a priori, parecía quedar fuera de la Constitución, que quería disfrazar de verificación. Ha aclarado lo que dice la ley. La Constitución, el Ordenamiento Jurídico y la Ley de Autogobierno”.
Sobre esta inmigración encaminada a la discriminación, ha afirmado que “Castilla y León tiene una fuente de progreso en materia de inmigración legal y ordenada” por lo que “el trabajo, el esfuerzo y el compromiso personal de todos aquellos que quieran venir a contribuir a la prosperidad común serán siempre bien recibidos y apoyados”. Por ello, aprovechó para mencionar “las fallidas políticas del Gobierno español en materia de inmigración, que oscilan entre la improvisación, el oportunismo y la imposición, obstaculizando el progreso social en este sentido”.
Manueco, por supuesto, aceptó etiquetar a los inmigrantes, aunque en el primer debate electoral le dijo al que ahora se convertiría en vicepresidente que “el que venga a trabajar y cumpla la ley, no hay problema, no es posible que todos tengan papeles, pero no se puede tirar a la gente al mar, eso es lo que se quiere”. Esa línea pareció enfurecer a Vox, que exigió disculpas y lo volvió a hacer en el segundo debate. Manueco nunca se disculpó, pero un acuerdo gubernamental pareció obligar a Carlos Polonia a ceder temporalmente.