El gobernante Partido Comunista de Cuba ha abierto una pequeña oportunidad a la iniciativa privada por primera vez desde que perdió un importante apoyo de la Unión Soviética en los años 1990. A partir de la década de 2010, fue aún más lejos y puso la conducción en primer lugar. … Por la crisis financiera mundial y luego por la pandemia de Covid-19. ¿Logrará Donald Trump lograr el próximo cambio económico más profundo mientras sus medidas sumergen al país en dificultades sin precedentes?
En una reunión de emergencia celebrada el 18 de junio, el Congreso Nacional cubano aprobó 176 planes de reforma. Es el intento más ambicioso de reforma económica desde la revolución de 1959. Superficialmente, estas medidas acercan al país a una economía de mercado manteniendo al mismo tiempo el control estatal. Juan Triana Barros, de la Universidad de La Habana, dijo que Cuba implementaría un “socialismo de mercado al estilo cubano”. No todo el mundo comparte este optimismo.
Si se implementan plenamente, las reformas reducirían los sectores de la economía abiertos a las empresas privadas, permitiéndoles importar y exportar más libremente y abrirían la posibilidad de atraer inversión extranjera. Por primera vez, los empresarios podrían emplear a más de 100 trabajadores y ser propietarios de varias empresas.
Obtenga más oportunidades de financiación
Las reformas también requerirán una profunda transformación de las empresas estatales, que pueden privatizarse o transformarse en empresas comerciales con acciones y participación de capital (posiblemente quebrando), o pueden fijar sus propios precios. En teoría, es más fácil para las empresas públicas y privadas obtener financiación. También se permitirán los bancos privados y se abrirá el mercado cambiario a más participantes.
“Si no hay riqueza, no hay nada que distribuir”.
En teoría, algunos servicios que alguna vez fueron motivo de orgullo para el país, como sanatorios y comedores sociales, pasarían a manos privadas, y la asistencia general mediante cartillas de racionamiento sería sustituida por ayudas directas a “grupos vulnerables”. El presidente Miguel Díaz-Canel confirmó que ya no estará prohibida la acumulación de riqueza en manos privadas. “Si no hay riqueza, no hay nada que distribuir”, afirmó.
Los cambios se necesitan con urgencia: décadas de mala gestión y el embargo estadounidense han devastado la isla, y las medidas adoptadas por Trump y su secretario de Estado cubanoamericano, Marco Rubio, desde enero están llevando a Cuba al borde del colapso. Estados Unidos ha impuesto sanciones no sólo al grupo militar Al-Qaisa, sino también a cualquier empresa cubana o extranjera que mantenga relaciones comerciales con él. Además, se bloqueó el suministro de combustible.
Estos anuncios no entusiasman a los cubanos
Desde 2020, la economía se ha contraído más del 20%. Un dólar equivale ahora a más de 600 pesos en el mercado negro, y el salario mínimo mensual ha bajado a sólo unos cinco dólares. Los datos oficiales muestran que la tasa de inflación en mayo estuvo cerca del 16% interanual, pero la tasa de inflación real es sin duda más alta. El turismo cayó un 58% en los primeros cinco meses del año. Incluso en el centro de La Habana, los apagones duran unas 22 horas al día, y cuando se restablece el suministro eléctrico, los cubanos hacen todo lo posible para detenerlo antes de que se corte nuevamente. El agua llega cada dos días. “Es absolutamente agotador”, dijo un padre de dos hijos.
Sin embargo, la reacción al anuncio del gobierno fue tibia dentro y fuera del país. Por un lado, las reformas prometidas están lejos de los cambios profundos que alguna vez transformaron las estancadas economías de China y Vietnam. Además, muchos dudan de que estas promesas se cumplan o, al menos, de que se cumplan con la suficiente rapidez. Un alto funcionario del Departamento de Estado descartó las propuestas como “señales de humo superficiales”. El gobierno ha prometido reformas en repetidas ocasiones, sólo para posponerlas indefinidamente. Un ex traductor de La Habana dijo que era un “circo”.
Implementar este plan de reforma será difícil incluso para un gobierno total. Cuba carece de divisas, estado de derecho y capacidad institucional, y las sanciones estadounidenses hacen que el acceso al capital extranjero sea casi imposible. Incluso si el gobierno de Estados Unidos otorga mañana licencias que les permitan operar libremente en Cuba, las empresas podrían enfrentar demandas por transacciones que confiscan activos, dijo Josbel Ibarra del bufete de abogados Greenberg Traurig de Miami.
Miedo a enriquecer al régimen
Muchos cubanos temen que cualquier reforma beneficie principalmente a los miembros del régimen y a aquellos que ya son ricos. Sin redes de seguridad social adecuadas –incluida la restauración de los alguna vez aceptables sistemas de educación y salud de la isla– la población tal vez no pueda soportar la hiperinflación que podrían desencadenar las reformas de mercado. En Cuba, la brecha entre los que tienen y los que no tienen ya es marcada. La piscina del hotel Meliá Habana estaba repleta de gente tomando cócteles y dejando nadar a sus hijos el sábado por la tarde. El precio de la entrada es de 15 dólares, lo que está fuera del alcance de la mayoría de los cubanos. Hay un BMW estacionado frente a un restaurante de lujo donde un filete cuesta 100 dólares.
Actualmente, hay pocas señales de que la apertura económica vaya acompañada de una apertura política. A pesar de las solicitudes de Estados Unidos, los presos políticos no han sido liberados. El 20 de junio, el opositor moderado Manuel Cuesta Morúa fue detenido, torturado y amenazado de muerte, todo por apoyar los acontecimientos nocturnos en Caserolada. Trump y Rubio también quieren que Cuba reduzca sus vínculos de seguridad con China, Rusia e Irán.
Implementar este plan de reforma será difícil incluso para un gobierno total.
Trump cree que aún puede aumentar la presión sobre Cuba hasta que se llegue a un acuerdo. El 23 de junio, el Departamento de Estado de Estados Unidos impuso sanciones a nuevas entidades relacionadas con Gaesa, entre ellas AUSA, que gestiona el tráfico de contenedores en el Puerto de Mariel. Días después, Gesa vendió la empresa a otra entidad estatal para que el suministro volviera a llegar a la isla.
Si los líderes cubanos actúan rápidamente, las reformas podrían darle al país un respiro. “Es mucho, pero no suficiente”, afirmó Paolo Spadoni, de la Universidad de Augusta. Trump apuesta a que un mayor dolor obligará a un cambio más profundo; para el régimen, espera complacerlo o mantenerlo con vida. Los cubanos comunes y corrientes temen que, pase lo que pase, serán los perdedores.