Hace más de dos años, dos edificios de viviendas se incendiaron rápidamente en el barrio de Campanar de Valencia. El incendio redujo la zona residencial a escombros. En aquel momento, según revelaron a este diario fuentes de los bomberos, … Las llamas comenzaron en una casa vacía del séptimo piso (el número 86) y arrasaron “de forma inusual” las paredes exteriores, que estaban recubiertas de polietileno, un material altamente inflamable que facilitó su propagación. Mientras la afligida ciudad lidia con la tragedia que dejó 10 personas muertas y 138 familias sin hogar, comienza a plantearse una pregunta inquietante: ¿Cómo pudo el revestimiento del edificio estar hecho de un material tan inflamable?
Algo similar ocurrió en Cartagena a finales de noviembre del año pasado, cuando se produjo un incendio en el área 5 del Hospital Santa Lucía, destruyendo todo el muro exterior del centro médico. El material es el mismo: paneles de aluminio rellenos de polietileno. Las consecuencias son las mismas. Afortunadamente, sin embargo, no hubo víctimas. El mismo material cubrió la madrileña Torre Ambal, donde en agosto de 2020 un incendio en el edificio de veinte plantas situado en la calle Dulce Chacón, número 17, del distrito de Ortaleza, afectó gravemente a las zonas superiores de vivienda. “El incendio se originó en la zona de la cubierta y se extendió por la fachada, donde había materiales combustibles. “El ritmo de propagación (del incendio) fue alarmante”, dijo el jefe de Bomberos de Madrid, Ricardo Jiménez, en sus primeras declaraciones sobre el incidente. “El siniestro comenzó sobre las 6 de la mañana.
“¿Están seguras nuestras fachadas?” se preguntó en su momento la Asociación Española de Asociaciones de Protección contra Incendios. La creciente importancia de la seguridad frente a este tipo de accidentes en los materiales de construcción ha llevado a un equipo de investigadores del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados Imdea Materiales, liderado por el doctor Wei Cai, en colaboración con la Universidad Politécnica de Hong Kong, a desarrollar y demostrar un revestimiento estructural optimizado capaz de enfriar superficies y reducir el riesgo de incendio. Los resultados de los trabajos que comenzarán en 2024 muestran que el material podría reducir la temperatura de las superficies de los edificios en más de siete grados centígrados, al tiempo que reduciría la tasa máxima de liberación de calor en caso de incendio a casi la mitad.
Actualmente, el uso de revestimientos refrigerantes radiactivos, que reflejan la radiación solar entrante y al mismo tiempo disipan el calor a la atmósfera en forma de radiación infrarroja, es común en los edificios modernos. La diferencia clave entre estos recubrimientos existentes y los recubrimientos recientemente desarrollados es “la ingeniería microestructural de las partículas de dióxido de silicio (SiO2) (las mismas partículas que se encuentran en la arena y el vidrio) utilizadas en el recubrimiento para reflejar la luz solar recibida”, explicó a ABC el Dr. De-Yi Wang, investigador principal del Imdea Materials Institute y líder del grupo de investigación de Polímeros de alto rendimiento y retardantes de llama.
El nuevo recubrimiento es el resultado de diseñar la microestructura de las partículas de sílice con una forma dendrítica o “de árbol”, lo que mejora significativamente su comportamiento térmico. Esta estructura presenta múltiples ramas que aumentan el número de superficies e interfaces, permitiendo que la luz solar se disperse en diferentes direcciones (con una reflectancia solar del 95,5%, el material refleja casi toda la luz solar) y libera el calor acumulado en forma de radiación infrarroja (con una emisividad del 94,5%) que de otro modo sería retenido por el material.
(interpretada por Belén Díaz)
Debido a su doble función de reflejar eficazmente la radiación solar y disipar el calor absorbido, el revestimiento es capaz de reducir su temperatura y limitar la transferencia de calor al interior, mejorando así su eficiencia térmica. Esto significa que el recubrimiento puede permanecer más frío que otros materiales. En concreto, el estudio observó que las temperaturas diurnas eran 2°C más bajas que las de los revestimientos tradicionales de poliuretano. Además, su temperatura puede ser 7,3 °C más fría que la temperatura del aire circundante. Es decir, no sólo tiene una menor ganancia de calor, sino que incluso puede alcanzar valores inferiores a la temperatura circundante debido a su capacidad para reflejar la radiación solar y liberar calor.
Cuando la pintura tradicional entra en contacto con el fuego, el polímero comienza a calentarse y degradarse térmicamente. Sin embargo, las partículas de sílice “aumentan la viscosidad del material, haciéndolo más espeso y estable, evitando que fluya fácilmente o se degrade. El aumento de la viscosidad puede atrapar gases inflamables que de otro modo alimentarían las llamas”, dijo Wang. Al mismo tiempo, los investigadores señalan que estas partículas contribuyen a la formación de una barrera protectora estable en la superficie del revestimiento: “Esta barrera limita la transferencia de calor y oxígeno, ambos esenciales para mantener la combustión”. Como resultado, el fuego se desarrolla más lentamente y libera menos energía, lo que resulta en una reducción significativa en la tasa máxima de liberación de calor de alrededor del 48%, lo que a su vez resulta en una reducción significativa en la intensidad general del fuego (es decir, el fuego libera casi la mitad de calor en su punto máximo).
Desafíos técnicos y limitaciones
El principal desafío técnico “es la escalabilidad de los materiales, en particular la transferencia de las síntesis de laboratorio y las formulaciones de recubrimiento de partículas dendríticas de sílice a procesos a escala industrial”, ya que resolver estos desafíos “requerirá más investigación, optimización e inversión”. Asimismo, una de las principales limitaciones del ensayo es el espesor relativamente pequeño del recubrimiento, “lo que reduce su eficacia durante exposiciones prolongadas o incendios de alta intensidad”.
Wang explicó que en estos casos, es posible que el efecto protector no se mantenga a largo plazo. Pero a pesar de ello, “los revestimientos siguen desempeñando un papel importante en las primeras etapas de un incendio, reduciendo significativamente la liberación de calor, ralentizando el crecimiento de las llamas y retrasando su propagación. Este retraso inicial puede ser clave para mejorar las condiciones de evacuación y reducir los daños”. Debido a la persistencia de estos desafíos, actualmente no existe un calendario para una implementación inmediata a gran escala.
Este recubrimiento reduce significativamente la liberación de calor y retarda el crecimiento de la llama.
Como se mencionó anteriormente, uno de los revestimientos relativamente comunes utilizados en los edificios modernos es la refrigeración radiante. Ya en 2008, el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc), dependiente del CSIC, desaconsejaba el uso de paneles compuestos de aluminio con núcleo de polietileno, advirtiendo de su falta de propiedades de protección contra incendios. Pese a estas advertencias, los materiales continuaron instalándose en España hasta 2019. Actualmente, las fachadas ventiladas deben separarse para evitar la propagación del llamado “efecto chimenea”, por lo que ya no es habitual el uso de paneles con núcleo de polietileno. Estos materiales han proliferado por su aspecto estético respecto al ladrillo.
Lo más llamativo es que dos años después del incendio de Campanar del 22 de febrero de 2024, como informó este diario hace unos meses, España todavía no ha realizado un censo de edificios similares a fachadas de complejos residenciales siniestrados, que se construyeron bajo una normativa de 1996 más laxa que los códigos técnicos de edificación aprobados una década después.