Esta historia está copiada de la de Nevenka Fernández de Ponferrada. Mujer joven y cualificada procedente de una familia conservadora, vio en el Partido Popular, con el que sus padres simpatizaban, una forma de participar en política y mejorar la vida de los vecinos de Mostole. Comenzó a acudir a la sede desde muy joven y, en vísperas de las últimas elecciones municipales, el candidato Manuel Bautista la reclutó en la lista electoral. La convenció elogiando su tenacidad, su capacidad para gestionar un equipo y su forma de trabajar.
Tras las elecciones de mayo de 2023, Bautista fue elegido alcalde. Ella era mucho más joven que él, tenía trayectoria como diputada y era vista como el fichaje estrella del nuevo Gobierno. El alcalde empezó a pedirle que lo acompañara a diversos eventos y reuniones. En el mismo mes de las elecciones, los parlamentarios comenzaron a hacer insinuaciones sobre el físico del parlamentario, invitándolo a hablar de sexo fuera del marco de su trabajo. También se negó a tener relaciones fuera de la política o el trabajo del ayuntamiento.
Según documentos aportados por El País en una denuncia interna presentada el miércoles ante el Partido Popular, el alcalde difundió rumores en el ayuntamiento sobre una relación con un nuevo concejal. Cuando se enteró, quiso hablar directamente con su jefe para resolver cualquier problema. Como ha hecho en otras ocasiones, insistió en que su relación era profesional y política y nunca afectiva ni de ningún otro tipo. Luego comenzó otro tipo de acoso en el trabajo: mala educación, falta de respeto, desconsideración, según relata la mujer en documentos entregados a sus clientes. El diputado lo ignoró. No se le permitió interferir en las reuniones plenarias de la ciudad. Su trabajo ya no cuenta.
Fue entonces cuando decidió buscar ayuda de los líderes regionales de su partido. Escribió su primera carta a Isabel Díaz Ayuso el 26 de febrero de 2024. A lo largo de los meses siguientes, buscó ayuda en el Partido Popular de Madrid en seis ocasiones: tres cartas, dos reuniones y una cita que nunca se produjo. Nadie hace nada. Le pidieron que guardara silencio. No sólo eso, sino que, según el artículo citado por El País, las personas en las que más confiaba Ayuso, como su número dos del Partido Popular regional, Alfonso Serrano, y la ministra de Organización, Ana Millán, la presionaron repetidamente para que no informara.
El País recogió varios testigos que corroboraron el relato del denunciante. Citó al personal de la ciudad que dijo que vieron grosería y un cambio de actitud por parte del alcalde, quien alguna vez fue la firma estrella de la ciudad. Las voces pidieron permanecer en el anonimato, al igual que los denunciantes, para garantizar que todo en el Ayuntamiento sea la voz del pueblo, informó el diario. Según las fuentes, el alcalde se negó a hacer comentarios, ocultándose detrás del comité de vinculación. El Comité de Salvaguardias del PNP cerró el caso sin entrevistar a los testigos presentados por el denunciante.
Pero antes de dirigirse al PNP, el legislador pasó meses tratando de conseguir ayuda de la presidenta del partido madrileño, Isabel Díaz Ayuso. Escribió al menos dos cartas contándole cuánto dolor le había hecho sufrir el alcalde. Ayuso nunca lo recibió y no respondió a su trabajo. Sí, dos de las personas en las que más confiaba lo hicieron: Alfonso Serrano, secretario general del Partido Popular de Madrid, y Ana Milán, responsable de la organización y vicepresidenta de la asamblea regional.
Según el relato de la autora sobre la reunión, ambos dirigentes le aconsejaron que guardara silencio y trataron de disuadirla de acudir a los tribunales bajo cualquier circunstancia.
“La protección del partido significa que no tendrás ningún tipo de queja”, le dijo Anna Millán. “Quejarse públicamente te puede hacer daño. Protegerte es no hacer nada”, añadió el número 3 del Partido Popular de Madrid en una reunión el 11 de marzo de 2024, apenas 15 días después de que el denunciante escribiera a Ayuso.
Según citas recogidas en esa reunión, Millán admitió que se trataba de un “caso clásico de acoso”, pero le desaconsejó en repetidas ocasiones presentar una denuncia, pidiéndole: “Sáquelo de su mente”. La secretaria de la organización, actualmente acusada en un caso de corrupción, citó el daño que podrían haber sufrido sus padres y familiares.
Cuando Alfonso Serrano se sumó al nombramiento, aseguró a los legisladores que la ayudarían, pero también desaconsejó presentar una denuncia: según documentos aportados, el número 2 de Ayuso le dijo que hacer una denuncia pública o judicial le afectaría. “No vale la pena venir aquí a hablar de esta situación sin proponer una solución”, advirtió en aquella reunión el secretario general del PPP. Le preguntó a la mujer qué podía hacer el partido y le dejó claro que quejarse no era una opción.
Nadie decide nada. El secretario general y responsable de organización del Partido Popular de Madrid prometieron volver a sentarse con ella, pero con el paso de los días no lo hicieron. El 22 de marzo, 11 días después del nombramiento, la mujer volvió al gabinete de Ayuso para pedir que se activara el protocolo de acoso. Tres semanas después, el 16 de abril, Ana Millán volvió a sentarse con ella y le insistió que no debía denunciar. “La posterior denuncia judicial pública no te servirá de nada. No sé qué protección entiendes. Nuestra protección es decirte que te vayas a casa y hables con tu marido”.
Milán, una de las personas más cercanas a Ayuso en el Partido Popular de Madrid, le dijo que no podría seguir trabajando en el ayuntamiento de Móstoles tras denunciarlo, destacando que muchas mujeres “han pasado por mucho en política” y que quizás sería mejor para ella “dar un paso atrás”.
Lucía Paniagua, otra dirigente del Partido Popular madrileño que estuvo presente en la segunda reunión, incluso sugirió que se buscara un “acuerdo amistoso” con el alcalde. Ambos le dijeron que no podían abrir el acuerdo de acoso porque ella no era empleada del Partido Popular sino que estaba limitada al ayuntamiento, a pesar de que tanto denunciante como demandada eran militantes del Partido Popular y compartían candidatura en la lista de Móstoles.
El 17 de junio de 2024, tras dos meses sin tener noticias del partido, volvió a escribir al gabinete de Ayuso. Concertaron una cita en julio con sólo un día de antelación y la mujer no pudo presentarse. Dejó pasar el verano y el 23 de septiembre su abogado le escribió para preguntarle sobre las medidas de protección que había tomado el partido. En octubre de 2024 la citaron nuevamente y cuando fue a ver a un abogado ya no la recibieron.
Decidió dimitir de su cargo y presentó su dimisión al PPP. El 10 de octubre, la Comisión de Afiliación del Partido Popular confirmó la retirada y, aunque en la petición se exponían los motivos, descartó la posibilidad de tomar medida alguna. Sostuvo que no podía plantearse escribir una denuncia y destacó que estos incidentes también ocurrieron en la corporación municipal y no en el BJP.
Sin la certificación del diputado, la mujer denunció ante el tribunal que su correo electrónico solicitando protección al gabinete de Díaz Ayuso había sido pirateado.
Entre noviembre y diciembre de 2024, la exdiputada y sus abogados presentaron un escrito de 20 páginas ante el Comité Nacional de Garantías del PP. Adjuntó documentos y llamó a testigos sobre lo vivido en el Ayuntamiento, que definió como más de un año de acoso sexual y acoso laboral. El Comité de Garantía del Partido Popular no interrogó a nadie, informó La Nación. Un portavoz autorizado confirmó que el caso se cerró porque no había “pruebas”.
El congresista ya se ha retirado de la política. Manuel Bautista sigue siendo alcalde de Móstoles y presidente del Partido Popular.