Con el paso de los años, el socialismo ha dejado de ser un proyecto ilusionante. Después de la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia marcó el comienzo de los “Gloriosos Años Treinta”, cuando se proclamaron los derechos sociales y se consolidó el Estado de bienestar en Europa. En tiempos de desconfianza y baja moral como el actual, este logro debe recordarse, recordando que cuando la voluntad se une, es posible un cambio radical, aunque sólo sea para prevenir o evitar daños mayores. No somos así. La voluntad de cooperar y alcanzar acuerdos no forma parte del discurso político y la sociedad civil está lejos de estar organizada y es incapaz de revertir las tendencias dominantes.
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