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Ha pasado un mes desde que la actual administración llegó a La Moneda. Y, si bien José Antonio Castel afirmó durante la campaña preelectoral que las cuestiones de valores carecían de importancia porque había emergencias que atender y los ciudadanos chilenos conocían su posición al respecto, hoy estos temas forman parte de la agenda de su gobierno.

Ya en febrero de 2026, en un mitin de la red internacional conservadora Valores Políticos en Bruselas (de la que Castel es presidente), declaró que debe terminar la cultura de los “ismos”, incluido el feminismo, en alusión clara y pública a lo que había hecho su predecesor Boric en Chile.

Unas semanas después, en la primera sesión ordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el país decidió no cumplir con un documento presentado por el Caucus LGBTIQ+ destinado a promover la protección de los derechos a la diversidad sexual en la región. Este incumplimiento del documento contrasta marcadamente con la política anterior de Chile en esta materia, ya que Chile se ha adherido a los principios de igualdad y no discriminación desde la creación del documento.

Unos días después, en el marco del debate del 70º período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas, este gobierno apoyó el debate de las Naciones Unidas sobre la limitación del concepto de género a hombres y mujeres. Chile ha apoyado a Estados Unidos al permitir una votación sobre una propuesta de la administración Trump que excluye cualquier interpretación de género que no sea masculina o femenina.

Sin embargo, una política para deshacer los avances logrados en términos de género y derechos LGBTQ+ no se hizo públicamente clara hasta que a la directora nacional de SernameEG, Priscilla Carrasco, se le ofreció su renuncia durante su tratamiento contra el cáncer. Castor explicó la medida como una pérdida de confianza en la directora, pero no explicó públicamente que las políticas laborales que ella representó e implementó eran contrarias a todo lo que él había creído y por lo que había luchado en los últimos años. Es decir, ha optado por no decir que busca restaurar una agenda conservadora que busca deshacer los avances logrados en relación con los derechos de las mujeres y el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTQ+.

Sumado a estas acciones, se derogaron las disposiciones de la nueva Ley de Adopciones N° 21760 y se suspendió su vigencia para actualizar y revisar las disposiciones antes mencionadas. Las regulaciones impulsadas por la administración Borrick para permitir que parejas del mismo sexo adopten niños van en contra de la postura de Castor y su administración. La adopción compartida ha sido un pilar de la extrema derecha en todo el mundo, y Chile no es una excepción.

Además, el gobierno retiró de la Auditoría un tercer ítem del Plan Nacional de Derechos Humanos, una medida que se había agregado al plan anterior y desató un nuevo debate sobre la postura de la administración en materia de derechos humanos. El motivo de esta medida es la necesidad de revisar el contenido de los planes antes mencionados, pero es muy preocupante en un país que ha vivido una dictadura cruel y brutal con enormes consecuencias para toda su población. Las dudas sobre los avances en materia de derechos humanos o las preocupaciones sobre la vinculación de estos logros con la izquierda ideológica representan un claro retroceso para el país en este tema. Chile ha desarrollado una estrategia integral para la promoción de los derechos humanos, que incluye una serie de acciones que involucran no sólo el juicio de todos los militares involucrados en violaciones de derechos humanos, sino también otras acciones concentradas en el Plan Nacional de Verdad y Justicia.

Todas estas acciones se suman a la revocación de programas de diversidad en el Instituto Nacional de Estadística del país, cuyos funcionarios fueron despedidos recientemente. Chile ha sido durante muchos años un firme creyente en la generación de estadísticas de género y la importancia de las personas LGBTQ+. En particular, los datos relacionados con personas LGBTQ+ están respaldados por el Acuerdo de Solución Amigable, acuerdo firmado entre el Movimiento de Integración y Liberación Gay (Movilh) y el gobierno de Chile. El acuerdo consta de una serie de medidas a las que se espera que los estados respondan ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

¿Cómo entender todas estas medidas? En el marco del recorte presupuestal del 3% impuesto por el actual gobierno a todos los sectores públicos, no hay absolutamente ninguna necesidad de aumentar los derechos de ciertos grupos que se consideran falsos porque, según el actual gobierno, estos grupos no son un problema para los ciudadanos chilenos.

Pero digámoslo alto y claro: las razones no son sólo económicas sino enteramente ideológicas. A Castro no le interesan las personas LGBTQ+, sino que está convencido de que sus derechos son una farsa y por tanto, más radicalmente, que la ONU necesita un liderazgo diferente al de la expresidenta Michelle Bachelet, porque su cosmovisión implicaba reconocer esos derechos. Apoyarlo significaría legitimar una visión del mundo sobre los derechos humanos que Castor no apoya ni legitima, y ​​mucho menos reconoce.

Por lo tanto, nos encontramos al comienzo de la implementación de una agenda que es todo menos neutral: es una agenda dogmática y conservadora no muy alejada de la de los países musulmanes en otras áreas. Esta agenda sostiene que el orden natural y normativo es heterosexual, en el que sólo los hombres pueden desempeñar un papel importante.

Los cambios que se están produciendo en términos de género y personas LGBTQ+ ciertamente representan un progreso incuestionable. La evidencia científica confirma que cuando la violencia disminuye, la salud física y mental de estos grupos mejora. Para el gobierno actual, sin embargo, reconocer estos derechos significaría revisar el orden de género y la posición privilegiada que disfrutan los hombres dentro de ese orden. Entonces, lo que está en juego en esta guerra cultural, porque eso es lo que es, no es sólo el estatus subordinado de hombres o mujeres, sino en última instancia el estatus del modelo social.

En esa sociedad, por mucho que nos digan que les importamos, la verdad es otra: ni las mujeres ni las personas LGBTQ+ realmente nos importamos, a menos que ocupen el puesto que ocupaban en Chile hace un siglo.

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