Cuando Sánchez entró en Moncloa, pensó que Iván Redondo encajaría mejor con él. Serrano se sintió ofendido y entristecido. Un mes después, el ingrato presidente lo invitó a ser director de correos, lo cual aceptó.
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Cuando Sánchez entró en Moncloa, pensó que Iván Redondo encajaría mejor con él. Serrano se sintió ofendido y entristecido. Un mes después, el ingrato presidente lo invitó a ser director de correos, lo cual aceptó.
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