Nadie da crédito. La imagen de alguien que dice ser Jesucristo difundida por Donald Trump ha conmocionado a todos los medios de comunicación del mundo. Este disparate domina desde hace días las páginas, las pantallas y los informativos de todo el mundo, desde que se ha extendido entre los observadores internacionales la sospecha unánime de que el presidente de los Estados Unidos debe haberse vuelto loco, a causa de sus patológicos arrebatos de megalomanía. En la Casa Blanca debieron entender que presentarse como el Hijo de Dios en la Tierra podría haber ido demasiado lejos, y el propio Trump negaría que esa fuera su intención, diciendo que con los sellos su intención era parecer un médico sanador de la Cruz Roja que, según dijo, ayuda a la gente. Un intento torpe de hacernos quedar a todos como idiotas porque los médicos de la Cruz Roja no llevan batas ni se rodean de personas que les rezan o de aviones que simulan palomas de la paz. No contento con tan tonta excusa, exploró aún más el absurdo unos días después publicando una segunda imagen en las redes sociales, en la que Jesucristo aparece y le susurra al oído, como si fuera la mano ejecutora de Dios en la tierra, lo que se suma al asombro general.
Resulta que, según los Evangelios, el sucesor de Jesucristo en la tierra no es Trump, sino el Papa, un presidente codicioso, plagado de corrupción y escándalos, que siempre reza a Dios para atraer los votos estadounidenses. Esta estrategia estaba en conflicto directo con el actual sucesor de Pedro en el Vaticano, el Papa León.
A Trump nunca le ha gustado el Papa misionero, que está acostumbrado a trabajar con los más vulnerables y no teme a nada ni a nadie. Era el enemigo de los adoradores del Becerro de Oro, vanidoso y guerrero, y el Papa le mostró un espejo que reflejaba su malignidad. Primer Papa norteamericano de la historia acusado por un presidente estadounidense de tener una “política exterior débil y desastrosa”, su vicepresidente Vance, un nuevo católico, se atrevió incluso a revisar sus comentarios teológicos. Dado el apoyo católico a los candidatos republicanos en las elecciones presidenciales de 2024, el sonoro conflicto no es un asunto menor a siete meses de las elecciones de mitad de período. El 20% de los estadounidenses son católicos y casi el 60% votó por Trump. No es el grupo religioso más numeroso, pero sí el más homogéneo, ya que los protestantes, que suponen el 40% de la población, están muy fragmentados y divididos en diferentes grupos sectarios.
La visión de lo divino de Donald Trump y su confrontación con el Vaticano no son los únicos factores que podrían frenar sus expectativas electorales para un nombramiento en noviembre. También hay un debate público dentro de los Estados Unidos sobre su deterioro cognitivo. La gente lleva mucho tiempo hablando en público de estas tonterías y ridículas tonterías, pero su amenaza de que “civilizaciones enteras perecerán de la noche a la mañana” hizo sonar las alarmas. Su apoyo provino de numerosos analistas y voces influyentes dentro del propio movimiento MAGA, quienes se unieron a 80 legisladores demócratas en un pedido para declararlo no apto, citando la 25ª Enmienda a la Constitución. Ahora, en lugar de verlo como un hombre de Dios que debe estar en la Casa Blanca, lo ven en la Casa de la Salud. Huesos en el asilo.