La letra del anuncio del toldo en el que aparece Marif vendiendo sombrillas en la plaza de toros son puros sevillanismos, tan clásicos como “Soy un negrito del África tropical” de la canción de Cola Cao o “Me estás estresando” de la canción de Malibú. … Manuel Hidalgo lo entendió claramente hace 45 años. Esta cuña histórica la escribió el director comercial de Queta Sol, situada en el Olimpo de la indumentaria sevillana, y él mismo la expresa junto al maestro Araujo: “¡Fue un error, José Antonio!” Esta empresa sevillana de toldos, nacida en Triana al amparo de la familia Campos, debería haber poseído la patente de las velas de la ciudad. Después de años de retrasos, averías y lonas (peor aún, las lonas llegaron en tamaños minúsculos), Quitasol salvó los toldos del Marqués de Contadero.
Porque aunque un gobierno tras otro ha pasado medio siglo vendiendo modernidad, la modernidad aún no ha llegado a las calles. Caminar por la ciudad en un caluroso día de julio fue una experiencia desafortunada. Cada vez hay más calles cubiertas, pero cada vez hay menos sombra. La paradoja de Sevilla se inventó sobre pieles sensibles y en el paseo de la calle Baños, donde se amontonan los árboles. Los toldos que tiene que vender el ayuntamiento no son toldos de la avenida, una solución a medias, torpedeada por expertos que tampoco lo son del patrimonio.
La modernidad que reivindicaba Araujo era ya la modernidad del laberinto de callejuelas de la Judería, por donde fluía el agua y siempre alejada del sol. O jardines y parques, y portales llenos de geranios. Microclima de la Expo. Pero lo más importante es que la ciudad está llena de árboles grandes, tal vez no banianos, sino arbustos ornamentales con macetas. De balcón en balcón, de Arquillo a la fuente de Híspalis, de Puñonrostro a Campana, por muchas empresas de hermanos y vitrinas de hoteles (no casas, porque no las hay) que recorran.
Los mejores anuncios electorales para la alcaldía serán aquellos que amplíen el modelo del amor de Dios sin inteligencia artificial ni dibujos animados. Que diga la verdad -Don Manuel, sic- en la letra de Marif: “Competirá con el sol”. Compre señor, vendo todo el mundo sin sombra.