Peajes de carreteras, gasolina, comida para perros, el “cierre del restaurante” de Ariondas, vino, transferencias a los hermanos de la ex abadesa -incluido uno que sirvió como abogado separatista- e incluso embargos personales. Desde que comenzó la división, las pensiones … Dijeron que cuatro de las cinco hermanas “las amaban más que a sus propias vidas” y que habían sido utilizadas por los separatistas “para su propio beneficio y abuso de poder para administrar sus propios negocios” y que no había pruebas de que las cuentas que recibieron “habían sido utilizadas para apoyar a la comunidad”.
Esta afirmación no provino del comisionado apostólico, el arzobispo Mario Iseta de Burgos, a quien las mujeres excomulgadas consideraban su gran enemigo. Tampoco fue de la Alianza de las Clarisas, que también fue difamada a pesar de cargar con más de 250.000 euros en deudas y costos de división en ese momento. De hecho, esta fue la conclusión del auto del magistrado del Tribunal Quinto de Justicia de Bilbao que, tras investigar el caso, instó a la fiscalía y a la acusación a solicitar el juicio oral de las siete religiosas de Belorado.
De esta forma, la incertidumbre sobre el destino de las pensiones y ayudas que recibieron las cinco religiosas que tuvieron que ser rescatadas del convento de Alduña por la Guardia Nacional el pasado 19 de diciembre, dadas las malas condiciones en las que fueron encontradas, se convierte en una de las claves que podría conducir a la excomunión de siete religiosas por “abandono, incumplimiento de la obligación de ayudar, coacciones, tratos degradantes o delitos contra la integridad y contra el patrimonio (administración desleal y delitos contra la propiedad)”. apropiación indebida)”, según el documento.
De hecho, el juez intentó explicar que podían haber dos motivos por los que la oposición de las siete ex clarisas “siempre estuvo encabezada por Laura García de Vidma Serrano (la ex abadesa) para que las mayores abandonaran el convento”. En primer lugar, utilizarlos como escudo para evitar un posible desalojo “ante la presencia de personas vulnerables”; en segundo lugar por “motivos económicos”, ya que surge una “necesidad económica por el mal desempeño económico del negocio que explotan”, como por ejemplo perreras, restaurantes Arriondas u hoteles.
Respecto a esta última cuestión, del auto del juez se desprende que en noviembre de 2024, tras la intervención del Comisario Apostólico en las cuentas del convento, en el que las mayores venían percibiendo pensiones, la ex abadesa “involucró en la investigación a aquellas personas que asesoraban a las superiores por criterio o comité (en este caso conocidas como Sor Sión, Sor Paloma y Myryam). Con la ayuda de las monjas, se tenía previsto abrir cuentas compartidas con las monjas mayores para que que, según el juez, las ex religiosas admitieron durante el juicio, “de esta manera podrían gestionar, administrar y disponer de los ingresos regulares que percibían las hermanas en forma de pensiones y ayudas para costear los gastos de sus negocios y actividades lucrativas”.
La orden continuaba diciendo que “para llevar a cabo el esquema”, abrieron cuentas en entidades en línea para algunos de ellos. En uno de los casos, “se desprende de los registros en el momento de abrir la cuenta” que la religiosa que abrió la cuenta “no pudo dar un consentimiento válido y no sabía dónde estaban ni adónde iban sus ganancias”, y que una ex monja que era copropietaria, en este caso sor Berit, dedujo de ello que ella y la ex abadesa que tenía autoridad sobre la cuenta “hacían mal uso de sus ganancias”, según el material aportado en la investigación de la Guardia Civil. Administración.
A partir de ahí, además de transferencias a cuentas personales de otras exreligiosas, “hubo numerosos cargos en tarjetas, compras de combustible, piensos, transferencias al negocio de Pardes de la Bretonera (animales), autopistas, honorarios de hostelería de la Obra el Labora (la empresa que también crearon en su momento para dar cobertura jurídica al restaurante que abrieron en Ariondas)”. Además, además de “la provisión de dinero en efectivo para uso privado de los sujetos de la investigación”, se produjeron otras compras en diversos locales, números telefónicos y servicios en línea.
La orden incluye “cuatro transferencias por importe de 1.500 euros, 1.000 euros y dos de 2.000 euros” desde esta cuenta y desde otra cuenta mayor a la cuenta personal de la ex abadesa entre el 18 de junio y el 27 de julio de 2025. Además, a partir del 14 de enero, la ex superiora también transfirió fondos de la misma cuenta de la anciana a su cuenta, por un total de 3.880 euros. Del año 2025 al 15 de febrero de 2025. García de Viedma transfirió estos ingresos de su cuenta personal a criadores de perros, “compras por internet, comisiones por servicios digitales, numerosos bízums, pagos a personas ajenas al convento y a sus dos hermanos”. Da la casualidad de que uno de ellos, Enrique, se desempeña como abogado de la ex Claire y el otro es veterinario, por lo que, aunque la orden no especifica, se puede suponer que se trata de pagos por servicios profesionales.
Recogida temprano en la mañana
Para hacerse con el control de las pensiones de otras dos monjas ancianas, tres separatistas les abrieron una cuenta “por uso de autoridad”, en la que ellas figuraban como titulares y la ex abadesa en calidad de autorizada. Sin embargo, esta última aprovechó los fondos de la cuenta, procedentes de las pensiones de dos monjas ancianas, y “transfirió” dinero de la perrera a la hermana Xion, imponiendo incluso dos embargos a las ex monjas. El juez también destacó un detalle llamativo: muchas de las transferencias y movimientos de dinero se realizaron “de madrugada”, un patrón que se ha repetido en muchos movimientos de la ex abadesa desde el inicio del cisma.
Sobre este tema, el auto concluyó que las actividades bancarias “fueron realizadas bajo el control y dirección de Laura García de Viedma Serrano, y que otros investigados informaron al manejo de la situación, las decisiones compartidas y las recompensas recibidas, asumiendo Susana Mateo Cruz (religiosa de Sión) el rol principal de tesorera”. Dado que “las monjas mayores tenían capacidades disminuidas y dificultades para comprender los asuntos financieros, como se documenta en el informe forense”, la administración y gestión de las cuentas “no tenían conocimiento y no podían haber sido acordadas por las monjas mayores”.
En el fondo del coche, la Guardia Nacional encontró a las cinco monjas, de entre 87 y 101 años, en marcado contraste con las condiciones en las que las rescataron, con una “falta generalizada de condiciones sanitarias”, falta de atención médica y de control psicológico, y un amplio control de sus cuentas bancarias y pensiones para apoyar los negocios promovidos por las ex clarisas. Ahora, con esta resolución, la investigación entra en una fase decisiva que acerca a los siete ex figuras religiosas. El procedimiento echa por tierra también uno de los principales argumentos que los separatistas han sostenido públicamente desde el inicio del conflicto: que las mujeres mayores permanezcan en el convento de forma voluntaria y reciban la atención adecuada.