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El Mundial avanza y el fútbol español mejora. Nadie recuerda la tanda de penaltis entre Rusia y Qatar, cuando el equipo no salió del punto de penalti, ni el empate en octavos de final. Los internacionales de Luis de la Fuente respondieron sin dudarlo y emergieron como favoritos en el partido real ante una dura Austria. Los jugadores recuperaron la energía y el fútbol volvió a ser fluido, suficiente para dominar las cámaras del Mundial. El resultado 3-0 fue suficiente para acabar con las dudas y dudas sobre un equipo que nunca vio la luz por las lesiones de jugadores como Nico Williams. De la Fuente encontró la solución en este exigente evento en Los Ángeles.

Teniendo en cuenta las dudas que dejaron los partidos ante Uruguay y Cabo Verde, el técnico español respondió con un sí: utilizó la formación que tan bien funcionó ante Arabia Saudí. Empezando por Polo como lateral, Olmo como tercer centrocampista y Baena por la izquierda, el equipo recobró confianza y el juego fue madurando mucho hasta el gol de Oiazabal. El esquema de De La Fuente favorece el juego de asociación y la expresividad de Lamin. A pesar de sus exigencias y presiones, el delantero del Barça necesita el mejor compañero ante un defensa físico como Laimer, al que siempre ayuda la defensa austriaca.

Lamin absorbió descaradamente la jugada, siempre por la derecha, más extremo que nunca y, por tanto, dispuesto al uno contra uno, regateando y centrando, lo que fue una tortura para el equipo de Rangnick. No hay término medio en el juego de Lamin, ya que rara vez juega como delantero centro como el francés Olis. Aunque el balón esté en el otro lado, atrae, crea espacios y concentra la sensación de peligro, como en el gol de Oyarzabal de Cucurela desde la izquierda. España se abrió y atacó con inteligencia a través del lineout de Olmo, un futbolista decisivo porque hay que jugar muy rápido y fino para superar la presión austriaca.

La fluidez y la velocidad del balón son cruciales para evitar duelos individuales y juegos divididos agresivos. estrés genético Rangnick. Aunque el balón parecía pesado al principio y la cancha lenta y difícil moverse rápidamente, España fue poco a poco jugando hasta iniciar una ronda de cambios ofensivos antes del descanso y al inicio de la segunda parte. El 2-0 llegó cuando el juego se rompió y fue muy difícil para los centrocampistas ya que España carecía de precisión para completar sus transiciones contra Schrager. El segundo gol provocó extrañamente el empate 1-0.

El balón estaba en los pies de Lamín y por su interés en resolver el partido no siempre tomaba las mejores decisiones y cuando el balón giraba hacia el lado de Baena su centro lo remataba Polo. El gol tuvo un efecto tranquilizador en un equipo que hasta el momento no había recibido ningún gol en cuatro partidos de la Copa del Mundo y, por lo tanto, tenía una defensa muy cuestionable. Los dos centrales trabajan bien juntos y a falta de un extremo puro como Nico Williams, no hay mejor alternativa que Baena. A Oyarzabal no pareció importarle, actuó bien en los puntos finales por izquierda y derecha y también se convirtió en doble goleador en el triunfo por 3-0 ante Austria.

Cuando llega la fase decisiva del Mundial, el marcador es tan optimista como el partido.

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