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No es la primera vez que Ana y Domingo ponen un pie en un bar flamenco. Pero esta es la primera vez que se sienten así sin un intermediario. El clic de sus talones les dio una fuerza casi terrestre mientras sus dedos descansaban sobre la plataforma. y en pecho, a través de vibraciones, al ritmo seco de las palmas de cada bailarín. En una habitación silenciosa sólo para ellos, cada movimiento y sonido adquiere una dimensión hasta ahora desconocida. Con la ayuda de las descripciones en directo del bailaor José Escarpín, Ana pudo distinguir el atuendo de cada cantaor e identificar su posición en el escenario.

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