No es la primera vez que Ana y Domingo ponen un pie en un bar flamenco. Pero esta es la primera vez que se sienten así sin un intermediario. El clic de sus talones les dio una fuerza casi terrestre mientras sus dedos descansaban sobre la plataforma. y en … pecho, a través de vibraciones, al ritmo seco de las palmas de cada bailarín. En una habitación silenciosa sólo para ellos, cada movimiento y sonido adquiere una dimensión hasta ahora desconocida. Con la ayuda de las descripciones en directo del bailaor José Escarpín, Ana pudo distinguir el atuendo de cada cantaor e identificar su posición en el escenario.
Por primera vez no sólo sintieron ligeramente el ritmo, sino que también apreciaron la amplitud de la propuesta: el peso de las castañuelas, la hilera de tachuelas pulidas en la punta del talón, el bordado en relieve de la capa, los flecos enredados o la pesada estructura del volante. Esto es posible tras visitar las cinco estaciones táctiles del llamado “Viaje Sensorial” instaladas en la entrada de la sala antes de la actuación. En él, las personas con discapacidad visual podrán sentir los elementos que aparecerán en escena en unos minutos. Itinerarios cuidadosamente planificados permiten que el espectáculo comience mucho antes del primer quejío.
Anna perdió la vista hace varios años. Domingo sufre una grave discapacidad auditiva. Esta noche, los dos se sentaron en la misma mesa del restaurante Cardamomo, donde el arte flamenco encontró una nueva forma de expresión. El histórico espacio madrileño se anuncia hoy como “el primer bar flamenco 100% inclusivo del mundo, diseñado para garantizar el acceso universal a la cultura de las personas con discapacidad”. Además, además de asientos reservados en amplios espacios para personas con movilidad reducida y espacios específicos para usuarios de sillas de ruedas, la sala también cuenta con anillos magnéticos de última generación, cinco chalecos hápticos, soluciones compatibles con implantes cocleares y audífonos, audiodescripción en directo y materiales táctiles.
“El objetivo de este proyecto de accesibilidad, propuesto el pasado mes de abril, es acercar el flamenco a personas con discapacidad visual y auditiva. La pregunta es, ¿cómo pueden disfrutar de este arte quienes no pueden verlo ni oírlo de forma tradicional?” afirma Ana González, impulsora del proyecto y colaboradora de la ONCE, que valoró por primera vez las propuestas inclusivas de la sala. La respuesta, añade, es hacerlo a través de otros sentidos.
Los orígenes de la iniciativa se remontan a sus propias experiencias. «Hace unos tres años fui a una exposición en Cardamomo y tenía muchas preguntas. Me di cuenta de que no tenía idea de lo que estaba pasando en el escenario. Me pregunto qué hay encima de la plataforma. ¿Cómo serían los disfraces, abanicos, castañuelas y guitarras? ¿Qué se necesita para que los zapatos suenen tan fuerte?
Fue entonces cuando empezó a imaginar cómo lo apreciarían las personas con discapacidad auditiva. Daniel del Casar, técnico de sonido del recinto, explicó que el chaleco táctil permite a los usuarios sordos percibir la música a través de vibraciones. “Funciona a través de dos membranas, una en la espalda y otra en el torso, que vibran en respuesta a la percusión, la percusión o el bajo de la guitarra en el escenario”. El dispositivo también cuenta con un ajustador que permite ajustar la intensidad de la vibración según el nivel de comodidad de cada usuario. “La idea es que cada uno pueda ajustarlo a su gusto”, añadió.
Como se mencionó anteriormente, junto con el sistema, hay un anillo magnético en la habitación que es compatible con implantes cocleares y audífonos y puede transmitir sonido directamente al dispositivo móvil del usuario para una mejor experiencia auditiva. “Es una conexión tipo Bluetooth”, concluyó. El responsable de sonido destaca que el objetivo es garantizar la accesibilidad para todos: “La idea es que la gente que no puede ver el espectáculo de forma tradicional pueda venir, sentirlo y disfrutarlo”.
«Siente la música y las vibraciones hacen que todo se una. Fue una muy buena experiencia»
Domingo
problemas de audición
Tras la explicación, el técnico comprobó personalmente con Domingo el funcionamiento del chaleco y ajustó la fuerza según su nivel de comodidad. “Lo importante es que no sea incómodo y cada uno pueda encontrar su punto vibratorio ideal”, concluye. Durante la actuación, Ana y Domingo no pudieron ocultar su emoción. Se rieron, hablaron entre ellos, reaccionaron con sorpresa, se comunicaron con los bailarines y quedaron completamente inmersos en la actuación. “Olé, eso es genial”, dijo Anna. “Ya están todos tranquilos.[La artista]lleva un mantón de manila rojo. Lo mueve con fuerza para que el viento sople entre las borlas y sientas lo que pasa”, describió el bailarín José Escarpín durante la actuación. Para el golpe con el talón, les indica que coloquen las manos sobre la tabla. “¿Aquí?” preguntaron. “Más tarde”, corrigió.
en otros espacios culturales
Al final de la actuación, Domingo comentó: “Fue genial sentir las vibraciones: primero en la mesa, luego en el escenario, luego a través del chaleco háptico y finalmente a través del anillo magnético”. La experiencia, añadió, convirtió la función en un todo sensorial completo. «Siente la música y las vibraciones hacen que todo se una. “Fue una muy buena experiencia”. Asegura que es la primera vez que utiliza este tipo de sistema en un espectáculo flamenco, aunque no en otros formatos escénicos. «En el teatro lo he probado, pero aquí es diferente. Añade guitarras, taconeos, ritmos… todo se vuelve más divertido con estas herramientas. Cuando se le pregunta qué es lo que más le mueve, lo tiene claro: “Ritmo, sincronicidad y pegada”.
“Cuando hablamos de accesibilidad cultural no se trata sólo de eliminar barreras arquitectónicas”
Ana González
Patrocinadores del proyecto y colaboradores de la ONCE
El cineasta cree que este tipo de sistemas deberían extenderse a más espacios culturales, “no sólo el flamenco, sino todas las artes escénicas, incluido el cine. Cuanto más accesible es la cultura, más puede disfrutar el público. Ese es precisamente el objetivo de la sala, “promover y difundir el flamenco para que pueda beneficiar a toda la población”, afirmó José Díaz, director general de Cardamomo, quien destaca que la accesibilidad empieza mucho antes de llegar a la sala. “El momento previo a la llegada es inclusivo: desde la compra de la entrada hasta la adaptación de la página web, donde se puede acceder a toda la información sobre el artista, su biografía, la historia de la sala y las personas que han pasado por ella”, explica.
“Cuando hablamos de accesibilidad cultural, no se trata sólo de eliminar barreras arquitectónicas”, reflexiona Anna. “Es importante garantizar la independencia de las personas para que puedan disfrutar. Poder conseguir entradas de forma independiente, comprar sin ayuda de un tercero, acceder a una web adaptada y, si lo deseas, ir solo. En muchos casos nos sentimos como una carga, dependiendo de que alguien nos explique o nos acompañe”, señaló.
“Es importante garantizar la independencia de las personas para que puedan disfrutar de su vida”
Marta y Eva, ambas con discapacidad visual, coinciden con Anna en que no se trata sólo de añadir carpas o rampas a este tipo de lugares. Por ejemplo, destacan la importancia de la iluminación. «En muchas representaciones suele haber muy poca luz para no arruinar la dinámica de la “espectáculo”, pero en nuestro caso esto significó que perdimos mucho de lo que estaba pasando. Si tienes algunos descansos visuales y estás en primera fila, podrás aprovecharlo mejor e incluso percibir los colores o detalles del outfit.
También valoran la audiodescripción antes de que comience el espectáculo. “Antes de empezar, nos explican cómo lleva puesto cada uno, quién canta, quién toca la guitarra, quién baila… Esto te ayuda a imaginar la escena de otra manera”. Destacan que este tipo de explicaciones no son habituales en otras situaciones. «En un concierto señalan quién está en el escenario. Aquí, sin embargo, describen su forma de vestir, ya sea con un chal o una bufanda de lunares. A veces incluso se paraban para decirnos dónde buscar o explicarnos qué estaba pasando.
Uno de los momentos más emocionantes para ellos es el contacto directo con el escenario. “Poder bailar tocando tabla es lo más emocionante”, admiten. Y, como dice Anna, “lo que importa no es lo que ven los ojos, sino lo que siente el alma”.