Llegados a este punto, ya podemos confirmar lo que pronosticamos hace tiempo: el ámbito donde se deben abordar los casos de acoso sexual, agresión y abuso a las mujeres es el ámbito judicial, donde la víctima y el presunto agresor están en el mismo espacio. … lo que garantiza la protección de los primeros y los derechos fundamentales de ambos. El movimiento para que una mera denuncia extrajudicial se convierta en prueba contra una persona ha demostrado ser un territorio resbaladizo y oscuro, y no importa cuántos casos genuinos y graves existan, siempre existe la desagradable sospecha de que hay ajustes de cuentas y juicios paralelos en marcha.
Sorprendentemente, sin embargo, el partido que alguna vez defendió y validó esta fórmula poco ortodoxa de justicia ahora está atrapado en las debilidades de su propio sistema. Lo que hemos presenciado en las últimas semanas es cómo el Partido Socialista ha caído en la trampa del “MeToo” que él mismo ayudó a crear y que viola los ideales más básicos del Estado de derecho. La última noticia es que el Partido Socialista Obrero Español acaba con el anonimato de las denuncias a través de sus canales internos, y a partir de ahora los datos de las personas que utilicen estos canales quedarán registrados, aunque son, como prometió, confidenciales. El partido afirma que dicha información no se divulgará para que las investigaciones de los casos así conocidos sean más efectivas.
El tiempo y cómo se comporten los socialistas en el futuro dirán si ésta es la verdadera motivación para el cambio. Vale la pena recordar que hasta ahora el gobierno ha archivado las denuncias durante meses y sólo ha mostrado interés en avanzar con las investigaciones cuando se ha sentido alentado por la opinión pública y la prensa. De poco sirve un canal de denuncias si no facilita la investigación de supuestos casos de acoso, pero no identifica las debilidades de la organización, actúa con cautela para que los problemas no salgan a la luz y, en definitiva, lo utiliza como sistema de control de daños reputacionales.
Cuando el Partido Socialista Obrero Español paralizó los procedimientos y sólo tomó medidas cuando el asunto apareció en las primeras planas de los periódicos, todo ello sin destituir a los presuntos culpables de sus posiciones de poder, fue difícil no dudar de sus verdaderas intenciones. Conviene recordar que casos como el de Paco Salazar se produjeron supuestamente en el apogeo del poder de Ferraz y del círculo de confianza del presidente, Ramón Cloya, y que muchas de las personas señaladas siguen teniendo vínculos con el partido a través de canales no oficiales como el asesoramiento privado.
Durante este período, como es el caso hoy, el Partido Socialista Obrero Español dedicó su poder político a una estrategia ya desesperada de atacar a la derecha y aterrorizar a los ciudadanos mediante la llegada de grupos sexistas, mientras los acosadores actuaban desde lo más alto de su estructura. En la práctica, a pesar del encubrimiento político, el sistema finalmente ahuyenta a las víctimas, las aísla y no las protege.
Como dijimos al principio, este tipo de sistemas cuasijudiciales no son más que fuegos artificiales ideológicos de la izquierda. Sería aún más útil si la organización brindara apoyo legal a las mujeres que se sienten acosadas y acuden a los tribunales, ya que este es el único ámbito donde se pueden proteger verdaderamente los derechos inalienables de los denunciantes y acusados.
Más de lo mismo en Extremadura
Como prueba de que el Partido Socialista de los Trabajadores parece más centrado en proteger a los acusados que a las víctimas, la historia de Salazar o Tomei se repite en Extremadura, donde el diputado regional José Luis Quintana fue nombrado recientemente para dirigir la dirección del partido tras la dimisión de Gallardo tras el desastre electoral regional. Un activista y congresista acusó a Quintana de acoso laboral, pero Quintana negó rotundamente las acusaciones y las calificó de engaño. El entorno del denunciante insistió en que la dirigencia federal estaba al tanto del caso, pero aun así, la promoción en la región de Quintana de la dirigencia de Quintana, amigo personal y miembro del círculo de confianza de Sánchez, no cesó. De hecho, también le inquietaron dos denuncias sobre un posible amaño de las primarias extremeñas, que por supuesto hicieron dormir al justo del último cajón de Ferraz.