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Diferentes investigaciones intentan esclarecer los orígenes del brote de peste porcina africana, que ha matado hasta el momento a 26 jabalíes en el parque de Corserola (Barcelona) y ha obligado al Gobierno a crear un cinturón de seguridad de 20 kilómetros alrededor del lugar donde apareció la primera víctima. Con todas las alarmas encendidas, la industria ganadera endureció los controles ante la posibilidad de que el virus se propagara a las granjas porcinas, lo que provocó la caída de los precios y que algunos países proveedores restringieran las compras en las zonas afectadas. El Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA), un laboratorio afiliado al gobierno, está en el centro de la tormenta como posible vector de infección. De confirmarse, el Gobierno catalán correría el riesgo de ser demandado por responsabilidad por las pérdidas causadas por una industria que exporta 8.000 millones de euros al año.

CReSA forma parte de la red de centros del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), empresa cotizada en bolsa y adscrita al Ministerio de Agricultura. Por tanto, si resulta que el jabalí que murió de peste porcina era la misma especie utilizada en los experimentos realizados en el centro del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), su posible responsabilidad como propagador sería una debilidad para el Gobierno. “Un gobierno puede ser considerado financieramente responsable de sus malas acciones si el daño puede atribuirse a una agencia pública”, dijo Marta Franch, profesora de derecho administrativo en la Universidad de Alabama. En su opinión, las empresas que quieran quejarse no podrán cumplir con las medidas adoptadas para contener la epidemia porque son proporcionales, pero sí podrán cumplir con las acciones de los laboratorios.

En la misma opinión comparte Joan Manuel Trayter, profesor de la misma materia en la Universidad de Girona. “Tienes que demostrar a través de expertos que la peste porcina te causó algunas pérdidas y que existe un vínculo causal”. Cree que si finalmente se designa al CReSA, el Gobierno no podrá optar por el argumento de fuerza mayor. El gobierno español ha rechazado reclamaciones similares de responsabilidad patrimonial debido a las restricciones durante la nueva epidemia de la corona, lo que obligó a cerrar todo tipo de establecimientos comerciales.

Las empresas tienen un año para presentar una reclamación una vez que su negocio se haya visto perjudicado. A partir de ese momento, el gobierno tiene hasta seis meses para responder. El silencio administrativo es lo mismo que la denegación, por lo que ambas vías abren el camino a una denuncia ante el Tribunal de lo Contencioso-Administrativo y, si se opta por la apelación, ante el Tribunal Supremo. Aún queda un largo camino por recorrer y cada empresa y cada explotación agrícola debe actuar por sí sola. Los empleadores pueden ayudar a automatizar procesos, pero no a abrir casos de clase.

Hasta el momento, las empresas especializadas en la producción de carne de cerdo se han visto afectadas por la caída de los precios (que no se desploman en plena temporada prenavideña) y la suspensión de importaciones por parte de algunos países como Japón y Filipinas. China es el mayor comprador de carne de cerdo española y tiene restricciones limitadas en la provincia de Barcelona. Asimismo, se sacrificaron decenas de miles de cerdos de granjas cercanas a las zonas infectadas y su carne se suministró principalmente al mercado interno.

Giuseppe Aloisio, director de la Asociación Nacional de la Industria Cárnica de España (Anice), dijo que la asociación aún no había considerado la posibilidad de solicitar una compensación al gobierno. “Nuestro foco está en controlar el brote, y eso es lo más urgente: confinar la fauna silvestre porque si se propaga a las granjas la situación será diferente”, explicó, a la espera de los resultados finales de las tres investigaciones. Pere Roqué, presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores de Cataluña (Asaja), afirmó: “Primero hay que confirmarlo y luego ya veremos, porque todo el proceso puede ser largo”. Sin embargo, un portavoz de una importante empresa cárnica admitió que en el sector ya han comenzado los comentarios sobre la apertura de esta ruta. Aloisio lo negó: “No está en absoluto sobre la mesa”.

La aparición de la peste porcina en el parque municipal de Corserola el 26 de noviembre, 30 años después del último caso, es el foco de tres investigaciones en curso. Uno de ellos, realizado por el Ministerio de Agricultura, se lanzó el 5 de diciembre tras recibir un análisis de secuenciación del virus. Mientras tanto, los Mossos d’Esquadra y el Servicio de Conservación de la Naturaleza de la Guardia Nacional (Seprona) trabajan para encontrar el origen de la crisis, cuya investigación está entregada al Juzgado de Instrucción de Cerdanyola.

El tercer trabajo en cuestión es el que lleva a cabo el gobierno para aclarar la posible responsabilidad de diferentes centros de investigación que pudieron haber utilizado el patógeno en sus experimentos, cerca de donde se encontraron los cadáveres de dos jabalíes infectados. Sin embargo, todas las miradas están puestas en el CReSA, que tiene pruebas de que utilizó la cepa del virus que provocó el brote y está inmerso en esfuerzos de reforma. Existe un espacio de investigación de nivel 3 de bioseguridad, necesario para realizar experimentos con virus como la peste porcina africana.

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