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Así es a veces, aunque en el caso de Alejandro Davidovic el malagueño parece vivir en un ciclo del que no hay salida. Es un ciclo bendito, dirían algunos, y no sin razón; Ya parece un jugador top 30 en la pista y acaba de ganar un trofeo en Mallorca. Sin embargo, el tiempo pasa y las oportunidades desaparecen para un tenista que ha estado en la montaña rusa de la impopularidad de la vida y por alguna razón ya es considerado un perdedor (quizás injustamente) debido a una serie de muertes. Innumerables negaciones han vuelto a doler, un nuevo castigo. Esta vez sucedió en octavos de final en Wimbledon ante Felix Auger-Aliassime: 6-7(4), 7-6(6), 6-3, 6-7(2) y 6-1, tras 4 horas y 26 metros.

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