El canciller costarricense, Manuel Tovar, denunció en la 56 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) las preocupaciones de Costa Rica sobre la presencia militar de Rusia y “grupos terroristas” en Nicaragua. Nicaragua era el incómodo vecino del norte de Nicaragua, gobernado duramente por Daniel Ortega y Rosario Murillo. Lo que sorprende, aparte de los rusos que se conforman desde hace años con la aprobación del régimen copresidencial, es la condena de los miembros de los grupos Hamás y Hezbolá.
“Justo ayer (lunes), nuestras fuerzas policiales detuvieron a varias personas que están vinculadas o pertenecen a la organización Hamas”, dijo Tovar, refiriéndose a un palestino llamado Abu Wad que fue capturado en San José. Las autoridades migratorias costarricenses dijeron en un comunicado que si bien no se recibió ninguna alerta internacional sobre el hombre, “el intercambio de información y las investigaciones recabadas por los servicios de inteligencia y seguridad nacional nos permitieron localizar y capturar a este individuo”. “El individuo fue trasladado al Centro Regional de Detención Centro en Los Lagos de Heredia para el inicio del trámite de deportación”.
Además de las denuncias de Tovar, criticó duramente la actual represión del régimen Ortega-Murillo, en particular la muerte bajo custodia estatal del preso político y líder indígena Brooklyn Rivera. “Su muerte bajo custodia estatal es un incidente significativo que requiere el esclarecimiento total de los hechos, el respeto por el derecho de su familia a la verdad y la rendición de cuentas”, dijo.
Los comentarios de Tovar están muy lejos de la postura de la presidenta Laura Fernández sobre la dictadura Ortega-Murillo. El presidente dijo en entrevista con NTN24 que los nicaragüenses han “elegido” su forma de gobierno y creen que el régimen nicaragüense tiene una estabilidad económica que lo distingue de Cuba o Venezuela, comentarios que generaron críticas de periodistas exiliados y del expresidente de Costa Rica.
A pesar de la postura conciliadora del Presidente Fernández, Costa Rica parece estar cambiando de rumbo a través de su Ministro de Relaciones Exteriores. Tovar respaldó el martes un proyecto de declaración de Nicaragua que está siendo votado por la Organización de Estados Americanos, que según él reafirma que la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales “siguen siendo pilares importantes del sistema interamericano”. El Primer Ministro valoró la preocupación de la Asamblea General por las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas y la persecución de líderes religiosos en Nicaragua.
OEA bajo presión para censurar a Ortega
La Secretaría General de la Organización de Estados Americanos emitió este martes un comunicado sobre Cuba, Nicaragua y Venezuela, en el que reiteró que detener a personas por razones políticas es “incompatible con los principios y compromisos del Sistema Interamericano” y que “no existe persecución política ni encarcelamiento por opiniones o disidencias en las Américas”.
La organización del Hemisferio Occidental exigió la liberación incondicional de todas las personas encarceladas por motivos políticos en los tres países y reiteró su disposición a prestar “buenos oficios” al servicio de procesos democráticos y abiertos cuando los países lo soliciten.
Este apoyo diplomático regional coincide con una ofensiva propagandística lanzada por la oposición nicaragüense en los salones del Centro de Convenciones Atlapa, con plataformas como Alianza Cívica, Unidos Unidos y Unidad Nacional presionando a embajadores y diplomáticos para el Congreso para que vayan más allá de la condena humanitaria y declaren ilegítimo al régimen Ortega-Murillo.
Ni el proyecto de declaración de Nicaragua ni el de la Secretaría General tienen en cuenta esta exigencia: ambos textos condenan las violaciones de derechos humanos pero evitan hablar abiertamente sobre la legitimidad del régimen, y en el proyecto votado este miércoles incluso invitan a Nicaragua a reincorporarse al Sistema Interamericano.
Esta cautela diplomática también se produce cuando la OEA atraviesa una crisis interna, marcada por las salidas masivas de altos diplomáticos estadounidenses y la intención anunciada por Washington de alejar a la organización de una agenda de derechos humanos y centrarse en cuestiones económicas. En un contexto de debilidad institucional, el apoyo verbal de cancillerías como la de Costa Rica y la propia Secretaría General añadió fuerza simbólica a la causa nicaragüense, pero también expuso los límites reales de lo que la OEA estaba dispuesta o podía pedir a Ortega y Murillo.
Nicaragua se retiró oficialmente de la Organización de Estados Americanos en 2023 después de que el régimen acusara a la organización de actuar como una herramienta de injerencia extranjera y violar el principio de no interferencia. A pesar de su retirada, el país sigue siendo central en la agenda del Sistema Interamericano, y los archivos nicaragüenses han sido objeto de una serie de resoluciones y declaraciones, incluida una de 2021 que decía que las elecciones de ese año carecían de legitimidad democrática. El régimen copresidencial también confiscó el edificio de la sede de la organización en Managua.