Cuando quedaba poco más de media hora de partido y el marcador estaba empatado 1-2, Diego Pablo Simeone ordenó la sustitución de Pablo Barrios dando entrada a Lenormand. La afición del Atlético reaccionó al intercambio con un fuerte silbido. Desde los tiempos de Rodrigo Hernández nadie recuerda un abucheo tan fuerte a una sustitución de Simeone. La plantilla entiende que perder a Barrios significa destruir un equipo y que para ganar partidos y tener posibilidades de llegar a cuartos de final de la Liga de Campeones se necesitan jugadores jóvenes en el campo.
El recambio en cuestión fue un simple cambio, cambiar al mejor centrocampista del Atlético por un central. El objetivo de Simeone era reorganizar a su equipo para sostener el ataque sin perder ningún contraataque, y en el proceso poner a prueba la capacidad del defensa hispano-francés para conseguir un cabezazo certero en un córner o una falta lateral. Barcelona y Real Madrid están separados por ocho puntos y siete puntos respectivamente en Liga, lo que no ha dado lugar a condescendencia hacia el técnico desde la grada. Cuando el árbitro señaló el final del partido, sonó el silbato y la Parroquia Rojiblanca no acababa de digerir que el humilde Bodogrimt noruego era el equipo que pondría fin a su racha de trece victorias consecutivas. “El aficionado siempre tiene la oportunidad de expresar sus sentimientos e intentamos hacer lo mejor para el equipo y el club”, concluyó Simeone en la sala de prensa del Met cuando fue preguntado por el enfado de la afición ante las butacas de Barrios y de todo el equipo tras el pitido final. Aunque la mayoría de los aficionados colchoneros no estuvieron de acuerdo, la reacción del técnico fue creer que su decisión fue la correcta.
“La gente tiene todo el derecho a aplaudir, gritar, vitorear o mandarnos, no sé, si quiere, si quiere. Es su decisión”, advirtió Oblak. “Ellos son los que han animado a este club desde pequeños. Es normal que la gente se enfade después de una derrota difícil. Decidan lo que decidan, que lo hagan, pero siempre ayuda más que nos animen”, añadió el portero del Atlético. Ni los 27 tiros contra Noruega ni la evidente falta de goles que aquejaron a los jugadores atacantes, aparte de Solos, afectaron las frases correctas que surgieron de la multitud.
Las acusaciones contra Simeone llegan en medio del desacuerdo público por los mensajes del director de fútbol profesional del Atlético, Mateu Alemany, y del propio técnico sobre los movimientos del mercado de invierno. Con el líder balear asegurando que de los cuatro jugadores vendidos, sólo Gallagher (Tottenham Hotspur) y Raspadori (Atalanta) cuentan como entrenadores y no como titulares -con los italianos ni siquiera simplemente suplentes-, las tensiones en ambas direcciones marcaron sus salidas. Alemany tuvo mucho cuidado en asegurarse de que todos sus movimientos, incluidos los de los centrocampistas y delanteros ingleses vendidos al Atalanta, fueran acordados con Simeone. También se han ido Xavi Garland y Carlos Martín, que habían sido sustitutos del Cholo y ambos tenían disputas por los minutos. “La calidad es más importante que la cantidad”, pareció aceptar Simeone cuando confirmó públicamente por primera vez que los cuatro partidos que se perdió durante el invierno serían sustituidos por hasta dos jugadores. Sin embargo, tras las primeras declaraciones de Alemany, el técnico argentino sugirió que Gallagher podría haber incorporado nuevos jugadores para la segunda parte ante el Alavés (1-0) o que le habría costado organizar los entrenamientos por la ausencia de cuatro jugadores.
Alemany también desveló información que había transmitido en privado a Simeone sobre la retirada de recursos de la cantera. En el equipo contra Bodo Grimt no hubo jugadores juveniles. Desde fuera, esto es todo un desafío. Ciolo quiere ser más flexible en materia de contratación, pero el club está intentando acelerar el plazo para que la venta del equipo (Goretzka del Bayern) no encarezca el precio de un jugador cuyo contrato expira el 30 de junio.