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Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia del domingo mostraron que el ultraderechista Abelardo de la Espriella recibió inesperadamente el 43,7% de los votos (10,3 millones de votos), mientras que el izquierdista Iván Cepeda recibió el 41% y 9,6 millones de votos, decidiendo que el país elegirá a su presidente para los próximos cuatro años en la votación del 21 de junio. Más allá de eso, estas son las principales claves de la jornada.

1. La polarización se intensifica en Colombia

La decisión de los colombianos de llevar la definición de la presidencia a una segunda vuelta, entre un político tradicional y de probada izquierda y un candidato disruptivo de extrema derecha, ha dejado al país más polarizado que en las últimas décadas.

Esta no es la primera vez que el país enfrenta una dicotomía: las elecciones de segunda vuelta crean naturalmente esta situación, y casi todas las elecciones bajo la Constitución de 1991 -excepto las de 2002 y 2006- han pasado a una etapa de segunda vuelta. Liberales versus conservadores en 1994 y 1998, santistas versus ulibistas en 2014, izquierda versus derecha en 2018 y, lo más importante, un referéndum de sí o no sobre el acuerdo de paz en 2016 son antecedentes obvios. Sin embargo, la situación ahora parece ser más profunda.

No solo porque liberales y conservadores, o santistas y uribistas, comparten una visión básica de la sociedad, sino también porque el antecedente más inmediato (las elecciones de 2022) no condujo a un final de campaña tan conflictivo. En ese momento, el candidato de izquierda, Rodolfo Hernández, ex alcalde de Bucaramanga, no habló de “destrucción total” como prometió De la Espriera, e incluso anunció que podría votar por el actual presidente, Gustavo Petro. Tras las elecciones, los dos políticos se reunieron y finalizaron el encuentro con un abrazo. Esto es absolutamente impensable entre Cepeda, que califica al uribeísmo de fascista, y de la Espriera, que está a la derecha del uribeísmo y habla de reconstruir el país.

2. El surgimiento de fuerzas de extrema derecha

Si Colombia tiene desde hace un cuarto de siglo una derecha fuerte liderada por Álvaro Uribe, este domingo la derecha post-Uribe estallará con fuerza, con Abelardo de la Espriera afirmando reconocer el liderazgo de Uribe y contar con el apoyo de gran parte del electorado uribista: sus 10,3 millones de votos son casi los mismos que los 10,5 votos que respaldan a la derecha contra Petro en la segunda vuelta de 2022. La campaña favoreció a la senadora Paloma. Valencia, que terminó en un distante tercer lugar con poco menos de 1,7 millones de votos, la mitad de los 3,2 votos que recibió en la consulta de marzo y los 3 millones de votos que recibió su partido en el Senado. El penalista se sorprendió cuando las encuestas de hace una semana mostraban su índice de aprobación por encima del 30%, pero dejó claro que quiere mantener ese poder y prometió que si pierde las elecciones se convertirá en el líder de la oposición en el Senado, donde ocupará el escaño reservado a los segundos clasificados en las elecciones presidenciales.

Sus discursos marcadamente populistas que distinguen entre “ellos” -la gente de siempre- y “nosotros” -los nunca antes vistos- y su permanente cuestionamiento de la clase política tradicional -que no ha contado con el respaldo formal de un partido político desde marzo, aunque sí cuenta con el respaldo de algunos y ha acogido en sus filas a muchos políticos de larga trayectoria- reforzaron esta nueva visión. Su retórica incorporó elementos de otros líderes de extrema derecha de la región, como Nayib Bukele de El Salvador, Javier Mire de Argentina o Jair Bolsonaro de Brasil. Los 10 millones de votos que recibió el domingo le dieron motivos para seguir adelante con el proyecto.

3. La unidad de la izquierda garantiza su fuerza

La candidatura de Iván Cepeda, un político sensato y sensato, muy alejado del fogoso Petro, tomó como eje y fuerza la unidad de la izquierda, que se unió en un solo partido, el Partido de la Convención Histórica, en preparación para las elecciones. Hizo 155 apariciones en plazas públicas frente a bases aborígenes, campesinas o sindicales, eligió aparecer en los medios de comunicación y, en general, fue una campaña al estilo del siglo XX centrada no en sumar nuevos votantes sino en movilizar y motivar a los votantes que ya tenía. Como predecían las encuestas, esta estrategia aseguró su paso a la segunda vuelta e incluso aumentó el número de votantes: si Petro hubiera recibido 8,9 millones de apoyos en la primera vuelta de las votaciones de 2022, frente a los 4,4 que la Convención Histórica añadió al Senado en marzo del año pasado, el candidato habría alcanzado 9,6 millones de apoyos el domingo.

La unidad formal en torno a un partido único, con el mayor número de escaños en el Senado y una clara construcción identitaria, permite esperar que este poder haya crecido y se haya afianzado cada vez más en las últimas décadas a la par del proceso de paz con las FARC.

4. Los votantes minoritarios en el medio importan

Los candidatos autoproclamados centristas ocupan más terreno. Sergio Fajardo quedó cuarto con el 4% de los votos y Claudia López quedó quinta con casi el 1%. Esto, sumado a la fallida elección de Paloma Valencia, que favoreció precisamente al centro y puede haber aumentado el electorado de centroderecha, ha dejado a las fuerzas moderadas incapaces de competir por el poder. Al mismo tiempo, por paradójico que parezca, ofrece un enorme valor a los 1,2 millones de votantes de Fajardo y López, así como a algunos de los 1,6 millones de votantes de Valencia. Dado que la diferencia de votos entre los dos líderes de cara a la segunda vuelta es de casi 700.000 votos, estos votantes tienen pesos específicos básicos.

5. Cada vez más ciudadanos votan

Uno de los cambios de mitad de período en las elecciones de Colombia es el creciente número de personas que participan. Si en 2018 había 19,6 millones de personas, o el 54% del censo electoral, y en 2022 estas cifras crecen a 21,4 millones, o el 55%, entonces el número de personas que votan esta vez alcanza los 24,4 millones, o el 58% de los 41 millones de votantes elegibles.

El envejecimiento de la población explica esto en parte: en la década de 1990, el censo electoral representaba alrededor del 50% de la población, pero hoy es más del 75%. Más allá de esto, la mayoría de los partidos políticos enfrentan una crisis de largo plazo como estructuras capaces de organizar las preferencias e ideologías de los ciudadanos. Ambos factores abren la puerta a un futuro electoral en un país que se inclina cada vez más hacia el voto extremo.

6. Los mapas electorales están escritos en piedra

La costa votó a la izquierda, el interior votó a la derecha y Bogotá se rebeló. Mientras todas las campañas se esfuerzan por ganar fuerza en los bastiones rivales, este mapa electoral se vuelve a repetir. En 2014 ganó el uribista Óscar Iván Zuluaga, en 2016 se realizó un referéndum contra un acuerdo de paz con las FARC y en 2022 ganó Rodolfo Hernández y ganó De la Espriella. Santos, sí, o gana Petro y gana Cepeda. La mayor sorpresa suele venir de la capital, Bogotá, donde Cepeda ganó con el 41% de los votos, frente al 37% de la oposición y el 9% de los uribistas. De hecho, los dos candidatos centristas recibieron casi el 9% de los votos, en comparación con el 5% a nivel nacional.

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