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Esta semana hay dos ejes: política exterior e inmigración. Estos dos temas marcaron la actividad en todo el país, tanto de derecha como de izquierda. El dúo nos regaló una inmejorable sesión de fotos en piel de vaca que nos dejó exhaustos. Pedro Sánchez no para de dejar claro hacia dónde va estos días en el mundo: no a la guerra, no a los tiranos que la deciden. Lo dijo en China y lo dejó claro en una gran celebración en Barcelona, ​​la llamada Cuarta Conferencia para la Defensa de la Democracia. Al mismo tiempo, la derecha se ha encerrado en un pequeño mundo de cuestiones irrelevantes, volviéndose cada vez más alienada de las principales corrientes globales. Si alguien pintó algo en algún lugar del mundo, mire ahí, Santiago Abascal, vinculado a la ultraderecha, y no Alberto Núñez Fejo, un pulpo por la justicia En un mundo complejo que trasciende su limitada luz. La Toja es tan bonita, déjame hablar de Moscú, Washington, Pekín o Bruselas, es un desastre, como lo fue su antecesor Rajoy, más conocido en el mundo de las cloacas. barba o Asturias. Apodos de gángsters, p. mayor o Aropiero.

El presidente visitará China, como lo han hecho el francés Emmanuel Macron, el británico Starmer o el alemán Merz, o como próximamente lo hará el presidente gallego y estrecho colaborador de Fejo, Alfonso Rueda. Allí repitió todo lo que dijo en La Moncloa o en el Congreso de los Diputados. Es lo mismo. Frente a la derecha feroz que nos asfixia por estos lares, el presidente español se arrodilla ante Xi Jinping para servir al gigante chino en su afán de colonizar Europa. Un traidor, un caballo de Troya, un bicho malo que nos traerá el comunismo porque hasta ahora sólo nos ha hecho bolivarianos. Eso es más o menos lo que decía el PP, por no hablar de los exabruptos de Abascal, que siempre vacilaba entre llamar a Sánchez hijo de puta o miserable tirano.

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