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24 de abril de 2026 02:12 am

La precariedad de los autónomos en España ya no es una anomalía sino un rasgo estructural. Dos tercios de este grupo no ganan el salario mínimo, lo que apunta a una continua debilidad de los ingresos y una mayor volatilidad en la fuerza laboral. Esta realidad no sólo está relacionada con los ciclos económicos sino también con el diseño de instituciones que penalizan las actividades de trabajo por cuenta propia. Las recientes reformas de las contribuciones, aunque orientadas a la equidad, han creado incertidumbre en la planificación de ingresos y gastos. Además, los impuestos, la burocracia y las dificultades financieras limitan la capacidad de crecer. El resultado es una estructura productiva fragmentada, con miles de profesionales obligados a realizar múltiples actividades para mantener un ingreso básico. Desde una perspectiva institucional, esta situación erosiona la base impositiva y debilita la competitividad. Los ajustes parciales no bastan: es necesario simplificar el marco regulatorio, fomentar la productividad y garantizar la seguridad jurídica. España necesita autónomos viables, no supervivientes.

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