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El juez Juan Carlos Peñado siguió su costumbre y dedicó otro miércoles de Semana Santa a conocer el caso Caso Begonia Gómez. Este procedimiento tampoco es nada nuevo. Es sólo una formalidad diciéndoles que si el caso llega a juicio, será visto por un jurado popular. Estas partes tampoco están fuera de guión. Por ello, además de la fiscalía, la defensa de la esposa de Pedro Sánchez, su consejera Cristina Álvarez y el empresario Juan Carlos Barabés también pidieron el archivo completo del caso; Según fuentes jurídicas consultadas por El País, las acusaciones obligaron a los instructores a investigar en profundidad e iniciar nuevas diligencias.

Anticipando otro rechazo de sus reclamos, los abogados defensores de Gómez y Álvarez pidieron a Penado que se sometiera a múltiples procedimientos si decidía continuar con el caso. Los abogados de la esposa de Sánchez, el exministro Antonio Camacho, han pedido a José Manuel Ruano, el catedrático codirigido por Gómez en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que declare como testigo y aporte tres peritajes. Uno de ellos analiza la imagen de las esposas presidenciales en el gobierno para demostrar que tradicionalmente han contado con un asistente que las ayuda en sus asuntos; otro es sobre el funcionamiento de la Cátedra Distinguida de la UCM; y el tercero es sobre las supuestas pérdidas económicas sufridas por el Centro Universitario.

Sobre las 12.00 horas del miércoles de Semana Santa, abogados de ambas partes se reunieron en el Juzgado de Plaza de Castilla de Madrid. El instructor ha citado a la esposa del presidente del Gobierno para informarle una vez más de su decisión. Esta vez, sin embargo, aportó más argumentos, como exigía la Audiencia Provincial de Madrid. Como en ocasiones anteriores, Gómez ha estado ausente y envió a su abogado, quien afirmó que “la presencia del imputado no es importante”, según un aviso de la fiscalía.

Peinado comenzó a investigar a Gómez en abril de 2024. Desde que aceptó la denuncia presentada por Manos Limpias ha ido ampliando el caso con denuncias presentadas por Hazte Oír y Vox. Fue condenado por cinco delitos en total: tráfico de influencias, corrupción empresarial, apropiación indebida de marca, invasión y malversación de fondos. Por un lado, investiga su actividad profesional junto a empresarios y la Universidad Complutense de Madrid (UCM); por el otro, si hubo malversación de fondos públicos cuando Cristina Álvarez fue contratada como consultora de Ramón Cloya para trabajar con sus actividades institucionales y “actividades privadas”, argumento que ambos niegan.

En septiembre, cuando el proceso se dividió en dos partes, el juez informó a la esposa del jefe del Ejecutivo que si el caso de corrupción llegaba a juicio, ella sería juzgada por un jurado popular en lugar de un tribunal de jueces. Luego unificó la investigación y advirtió que todo el caso se repetiría. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Madrid le corrigió y le advirtió que si quería mantener esa postura debía justificarla con argumentos suficientes.

Penado respondió a mediados de marzo con una resolución de 47 páginas en la que insistía en que había suficiente “razonabilidad penal” para procesar a los sospechosos. Por ello, reiteró que Gómez utilizó su condición de esposa del presidente del Gobierno y líder del Partido Socialista de los Trabajadores para beneficiarse de cambios “radicales” en su carrera y que sus asesores realizaron “acciones completamente ajenas a las funciones de la institución presidencial”. La defensa apeló la decisión y aseguró que todo era “sólo especulaciones”.

El miércoles, el juez reunió los cargos generales presentados por la fiscalía y Hazit Orr, así como los abogados de Gómez y otros dos acusados. Como en el pasado, el sector público y el Ministerio de Defensa se opusieron a la conversión del caso a juicio por jurado popular y solicitaron el archivo del caso. Por su parte, las acusaciones del pueblo reafirmaron una vez más los estándares de los jueces.

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