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Algo tan sencillo como la falta de cristales entre el cambiador de pañales y el salón principal donde pasan el día los bebés hace que a la profesora Filomena Gómez se le suba el corazón a la garganta cuando uno de los pequeños “se hace pipí” y no tiene compañía. “Tengo que dejarlos solos y no puedo mirarlos”, lamenta Gómez, empleada de la guardería CEIP Gabriel y Galán de Alcobendas. Detrás de sus preocupaciones hay cientos de profesores como ella que no pueden hacer frente a la proporción, que no cobran a final de mes pero que aun así tienen que comprar materiales para los cursos porque el gobierno no se los proporciona, o tienen que recoger agua cuando llueve porque sus edificios tienen goteras. Las malas condiciones de trabajo combinadas con el envejecimiento de las instalaciones son un caldo de cultivo para las explosiones.

El colegio donde trabaja Gómez es uno de los integrados en un centro de educación primaria, lo que de por sí genera problemas logísticos por las actividades que se realizan para diferentes grupos de edad. Además de esto, debemos suplir la falta de recursos. “Estábamos abandonados”, dijo sin rodeos, sin tener siquiera un armario para guardar sus pertenencias. Aunque a diferencia de otros centros docentes estos centros también están abiertos en junio y julio, tampoco cuentan con aire acondicionado durante el verano. “El año pasado nos trajeron un pingüino, pero eso fue un problema porque los niños querían tocar todo lo que estuviera a su alcance”, dijo.

Los profesores de las guarderías de la Comunidad de Madrid ya han gritado basta. Aseguraron que durante años sólo habían oído hablar de bonos de guardería y ayudas destinadas a matricularse en centros privados, pero poco de sus condiciones laborales. Con el apoyo del sindicato CGT, la Plataforma Laboral del Jardín Infantil (PLEI) anunció que a partir del 7 de abril del próximo año, el primer ciclo entrará en huelga indefinida debido a la caída de los ratios y al aumento de los salarios: lo llaman una “revolución de cero a tres”.

No saben cuánto durarán las protestas, pero se han fijado un calendario que prometen cumplir estrictamente, celebrando concentraciones ante el Ministerio de Educación, ministerios de Madrid y ministerios del Gobierno. Actuación En Callao. Ante esta situación, la Consejería de Educación de Madrid aseguró que “se han dictado los correspondientes servicios mínimos para garantizar la continuidad de los servicios educativos a alumnos y familias” e “insta a sindicatos y organizaciones patronales a dialogar”.

Una de las demandas del grupo es que la educación infantil de primer ciclo se incluya en la nueva ley de educación, ratio que el Gobierno central impulsará. “Lo anunció Pedro Sánchez en la puerta de una guardería”, recuerda Rosa Marín, otra profesora del centro de Las Mercedes, en el distrito madrileño de San Blas Caniejas. El pasado mes de septiembre, el presidente hizo unas declaraciones en un centro de Getafe informando sobre la futura regulación de esta ratio, ya que en Lomulo este aspecto sólo aparecía como recomendación. El Ministerio de Educación indicó a El País que “de momento sólo está estipulado lo que estaba previsto en el primer borrador” y que, según los datos publicados, estos docentes tendrán 23 horas lectivas.

Marín trabaja en una de las 77 guarderías públicas del Ayuntamiento de Madrid. Estos centros tienen disposiciones específicas que son la envidia de muchos profesores en otras partes de la región: siempre trabajan en parejas educativas, con ratios bajos, y programas educativos muy adaptados a los niños. Sin embargo, el salario se acerca al del SMI y casi la mitad que el de la red regional, y esta excelencia en la docencia viene “a costa del trabajador”. “Porque son seres vivos y los amamos, damos el alma”, afirmó Marín, que no obstante se siente orgulloso.

Pero el ayuntamiento aseguró que cuando paga los salarios “se ajusta a los protocolos de los departamentos que los administran” y debe hacerlo hasta 2028. Añadió que “licitará un nuevo contrato de gestión de una guardería en el mismo año y posteriormente actualizará la escala salarial para cumplir los plazos establecidos”. Hasta entonces, todo indica que seguirán percibiendo el mismo salario.

Otro aspecto son las condiciones de la escuela. Durante las lluvias pasadas, un salón de clases en Marin tuvo que cerrarse debido a una fuga, lo que obligó a los maestros a sacar agua para limpiar los pasillos. Según un estudio de 2025 del PSOE municipal, el 52% de las guarderías de gestión municipal y autonómica presentaban malos resultados en la inspección técnica de edificios. 2.200 niños y niñas se ven afectados por las malas condiciones del centro, donde pasan la mayor parte del día.

Francisco Alba es profesor de la Escuela Infantil Ori Ori, que está situada en San Blas-Canillejas pero es una de las 396 guarderías que gestiona la Comunidad Autónoma de Madrid. Describió el alcance del deterioro de la infraestructura: las fachadas se habían derrumbado, las paredes de las terrazas se estaban desmoronando, húmedas y mohosas, y los bebés llevaban pañales debido al calor en verano y abrigos en invierno.

“Estoy en el consejo escolar y el director nos muestra el presupuesto cada año. El dinero no alcanza ni para cubrir las necesidades materiales y alimentarias”, afirma con visible enfado. “Si no obtengo lo suficiente de los alimentos, tengo que gastarlos en materiales. ¿De quién es el gasto? A expensas de la buena voluntad de los educadores que utilizan el dinero para comprar los materiales”. El Ministerio de Educación respondió a las quejas afirmando que ha “tomado constantemente medidas para mejorar las instalaciones y el espacio en los centros educativos de su competencia” y que, además, “ha incrementado en un 9% el módulo de financiación en su red de gestión indirecta”.

Pero el mayor problema de estos centros es la proporción. “Nuestra matrícula aquí es muy cara, por lo que no podemos brindarles a nuestros estudiantes la atención personalizada que sería ideal”, dijo Alba.

Desde 2022, la Comunidad Autónoma de Madrid ofrece becas para educación infantil en centros privados sin espacios públicos. El proyecto, con un presupuesto de 67,3 millones de euros, proporciona ayuda a aproximadamente 34.000 beneficiarios de la primera ronda de educación infantil en el curso escolar 2025-2026. Estas becas son controvertidas no sólo porque el dinero acaba en manos de empresas privadas en lugar de invertirse en redes públicas, sino también porque están disponibles para familias con ingresos superiores a 100.000 euros.

El Ayuntamiento de Madrid cuenta con un programa similar de becas para estudios de cero a tres años en centros privados, la denominada Beca Niño Plus, que cuenta este año con un presupuesto de 5,1 millones de euros. Sin embargo, sólo se recibieron 1.214 de 11.738 solicitudes, es decir, se desestimó el 90%.

“La solución es llenarlo todo con becas en lugar de aumentar (públicamente) las tasas de matrícula”, criticó el profesor Marín. Varios docentes informaron que cuando sus centros tenían escasez de personal, la respuesta fue cerrar lugares a nuevos estudiantes en lugar de contratar personal o mejorar las condiciones del personal existente para que no renunciaran a sus puestos.

Alba explicó que los problemas en la educación infantil, especialmente en el primer ciclo, son “acumulativos”. “Todo empeora cada año, la infraestructura envejece cada año. Y sólo la reparan”. Aunque no es padre, sabe que las condiciones para sus hijos no son las mejores: “Prefiero llevar a mi hijo a campos abiertos que dejarlo jugar en estos patios”.

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