Para muchos australianos, su única oportunidad de adquirir una casa será la tragedia. Los precios de las propiedades se han vuelto tan altos que los australianos dependen cada vez más no sólo del banco de sus padres, sino también de la herencia que viene con su muerte, para poner un pie en la escalera inmobiliaria.
Se espera que los baby boomers transmitan 5,4 billones de dólares a sus beneficiarios durante los próximos 20 años. Pero los expertos advierten que esta importante transferencia de riqueza intergeneracional representa uno de los mayores desafíos que ha enfrentado el país en décadas.
Ahmad Reged habla con el editor adjunto de artículos Celina Ribeiro sobre cómo la era de la herencia amenaza la igualdad económica, la fe en el “destino justo” e incluso la democracia misma