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La combinación de poder político, dinero y control crea monstruos. La corrupción rara vez es el resultado de un acto aislado de una sola persona. Casos significativos de corrupción pública demuestran la existencia de una estructura relacional en la que diversos actores y factores se unen para transformar decisiones ilegales o arbitrarias en acciones aparentemente legítimas. Para comprender mejor este fenómeno, se puede describir como una pirámide, en cuya cima están los actores que intervienen directamente en el funcionamiento de la corrupción, mientras que en la base están las condiciones institucionales y la cultura que hacen posible su desarrollo y persistencia.

Por tanto, la parte visible de la corrupción estará formada por tres vértices. El primero es un político corrupto que tiene capacidad de tomar decisiones públicas. Puede adjudicar contratos, conceder subvenciones, expedir licencias, promover cambios en la planificación urbana o influir en los nombramientos. Su contribución a un sistema corrupto consiste en el ejercicio desviado y tortuoso del poder que se le ha confiado.

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