La industria turística española genera cerca de 3 millones de empleos y representa el 13% del PIB del país, pero su gestión, o la falta de ella, ha creado desafíos ambientales y sociales que, en algunos casos, parecen haber llegado a un punto de no retorno. En este contexto, elDiario.es ha presentado este martes su nueva revista “Turismo, cómo proteger un tesoro sin dañarlo” en una reunión exclusiva de miembros de la redacción.
La presentación estuvo moderada por Gumersindo Lafuente, editor de la publicación, y contó con la presencia de Sara Acosta, periodista y directora de la revista medioambiental Ballena Blanca, y Enrique Domínguez Uceta, arquitecto y experimentado viajero.
Tras el agradecimiento y el discurso, La Fuente encontró en una revista un dato sobre una bahía de Mallorca donde los turistas se llevan cada día 70 kilos de arena pegados a sus chanclas y toallas. Este es un ejemplo muy revelador de la magnitud del problema.
La Fuente se centra en cómo las redes sociales están distorsionando la experiencia de viaje a través de “500 millones de informantes digitales” que atraen a las masas a lugares específicos sólo para tomar fotografías. “Apareció una foto de una puerta azul en la playa de Alicante y de repente había cola para hacerse una foto delante de esa puerta en concreto en lugar de otras 50 puertas en el mismo pueblo”, lamenta el periodista, subrayando la presión sobre los turistas que a veces ni siquiera saben dónde están. Para ilustrar esta idea, La Fuente contaba el ejemplo de una guía turística de la Alhambra de Granada a la que una turista VIP se quejaba de que, tras mostrarle una foto de la Mezquita de Córdoba, no le mostraba el monumento completo.
Del ‘España es diferente’ al desarrollismo
Enrique Domínguez Uceta, autor del texto inicial de la revista, aporta una perspectiva histórica a esta conversación, recordando que España se convirtió en un destino turístico de masas tras la Segunda Guerra Mundial, casi “por la fuerza del destino”. Para los europeos de la posguerra, España era un refugio, dijo: “Era llegar a un lugar no contaminado por los horrores en los que vivían”.
El arquitecto analiza cómo el turismo de los años 60 cambió las costumbres de un país cerrado, recordando con nostalgia cómo su propio coche (en su caso un Seat 600) permitió a los españoles descubrir su país, que era diferente y no sólo visto por los extranjeros, sino en cada una de sus regiones… “Tiene un germen que todavía hoy me parece muy interesante”, afirmó.
Sin embargo, el coste medioambiental de este entorno idílico es muy alto, ya que los arquitectos lo definen como “un encuentro poco ético entre un promotor turístico y una dictadura” donde el comercio prima sobre cualquier protección del entorno natural. El resto hoy está formado por humedales secos y una costa casi completamente construida, incluidos ejemplos tan sangrantes como Algarrobico o Valdecañas.
¿Es posible el desarrollo sostenible?
La periodista Sara Acosta añade varios ejemplos de degradación ambiental, como el río Chiral en Nerja o San Juan de Gaztrugatex, víctima del fenómeno Juego de Tronos, señalando que los políticos carecen de visión a largo plazo, lo que dificulta las soluciones. La pregunta que daba vueltas en la sala era si la conservación era compatible con la industria, y Acosta fue claro: sí, pero el plan de largo plazo entra en conflicto con el electoralismo cada cuatro años.
“Normalmente no creamos conciencia (sobre los viajes) porque yo decido adónde ir… ¿qué tiene menos impacto?” El periodista pidió a todos que reflexionaran. Incluso mencionó nuevas tendencias como el “flygskam” o comprometerse a viajar únicamente en tren, una práctica que ya practican grupos de jóvenes del norte de Europa.
En la parte final, el debate se centra en encontrar modelos exitosos. “Si hay que creer en algo, yo creo en Benidorm”, afirmó La Fuente. Por ello, los ponentes han señalado unánimemente los aspectos positivos de Benidorm o Peñíscola, por su eficiencia vertical frente a la dispersión territorial y el peso de la gestión local frente a los fondos de inversión. “En Benidorm, la mayor parte de la industria está en manos de locales que la ven como su propio negocio”, añade Domínguez Uceta, añadiendo que esta gestión local suele ser un denominador común “de fábricas que mantienen un cierto equilibrio”.
Las preguntas de los socios abarcaron desde temas como la homogeneización urbana, la gestión de aguas residuales de hoteles hasta la controvertida ampliación de aeropuertos durante la crisis climática. Cuando se le preguntó si se debería limitar el número de visitantes, Acosta admitió que era una pregunta incómoda pero necesaria: “En lugares donde he estado en contacto con funcionarios de turismo, hacer esta pregunta es como lanzar una bomba”. Hay una sensación agridulce en el aire de que el turismo es un importante motor de nuestra economía, pero este “tesoro” mencionado en el título de la revista requiere una mirada crítica para revertir la superpoblación.