El acuerdo alcanzado este jueves por PP y Vox para gobernar Extremadura va mucho más allá de la comunidad autónoma y sienta las bases de la agenda política de Alberto Núñez Feijóo a nivel nacional. Santiago Abascal ha presionado al Partido Popular de España para que se comprometa a modificar la Ley española de Derechos y Libertades de los Extranjeros, o ley de inmigración, para poner fin a una prohibición de la discriminación migratoria que haría ilegal la implementación de la llamada “prioridad nacional”, en la que los españoles tienen prioridad sobre los extranjeros a la hora de recibir asistencia pública, la principal bandera política del partido extremista.
En un acuerdo anunciado públicamente en dos ocasiones, las partes dijeron que mientras sea aplicable, “presionarán para que se modifique la Ley Orgánica 4/2000 (Código de Extranjería) y cuantas disposiciones reglamentarias dificulten la consecución efectiva de los objetivos antes mencionados”. El objetivo es situar a los inmigrantes en una posición reducida respecto a los españoles en términos de acceso a servicios públicos y asistenciales, independientemente de su situación de necesidad o situación familiar.
El líder de Vox, Santiago Abascal, consideró este jueves como “una buena noticia” el acuerdo para nombrar a María Guardiola presidenta de Extremadura, y añadió en un mitin en Granada: “Hemos llegado a un acuerdo que garantiza que Extremadura tendrá prioridad nacional; los españoles tendrán prioridad en asistencia social y vivienda social”. Vox dejó claro que ese era el principal objetivo de sus negociaciones.
Sin embargo, el acuerdo no garantiza que esto vaya a suceder, ya que sería ilegal. “Se establecerá un sistema de vivienda asequible y alquiler social inspirado en los principios de prioridad nacional”, decía el informe, pero luego añadió que esto se haría de una manera que fuera “adecuada a la legislación existente”. También dejó claro que se buscará “priorizar la asignación de recursos públicos a quienes mantengan un arraigo real, duradero y verificable en el territorio”. El arraigo anterior lo vincula al “Registro Histórico de Extremadura (mínimo 10 años para compra, mínimo 5 años para alquiler)”, lo que no implica necesariamente tener ciudadanía española, ya que un español recién llegado a Extremadura tendrá menos arraigo que un extranjero que lleve muchos años viviendo en la zona. El mismo encaje de bolillos enmarcó el acuerdo cuando afirmó que “el acceso a todas las ayudas, subvenciones y beneficios públicos se inspirará en el principio de prioridad nacional”; añadiendo que se dará prioridad a quienes tengan “auténtico arraigo” y que el sistema se “adaptará a la legislación vigente”.
El problema es que la llamada “prioridad nacional” se topa con el artículo 14 del Código de Extranjería, que detalla: “Los extranjeros residentes[en España]tienen derecho a servicios y prestaciones sociales generales, básicos y específicos, en las mismas condiciones que los españoles”; que incluye explícitamente prestaciones y servicios de seguridad social. Según la ley, los “extranjeros residentes de larga duración” también tienen el mismo derecho a no ser discriminados cuando utilizan el “sistema de asistencia pública para la vivienda”.
El acuerdo PP-Vox incluye, por tanto, el compromiso de presionar para que se reforme la ley de extranjería, que por su carácter orgánico requiere mayoría absoluta en el Congreso. Sin embargo, incluso si se reforma esta ley, es imposible aplicar plenamente el principio de “prioridad nacional”, porque los Tratados de la UE y la Carta de los Derechos Fundamentales prohíben la discriminación contra los ciudadanos de la UE por motivos de nacionalidad, por lo que sólo se puede establecer una preferencias de la comunidadpero no a nivel nacional como afirmó Vox y admitió el PP.
El acuerdo firmado en Extremadura puede servir de guía para los planes futuros de los gobiernos de ambos partidos a nivel nacional. El Partido Popular ha prometido no sólo reformar las leyes de inmigración, sino también reformar la ley básica de las autoridades locales, dificultando que los inmigrantes se registren en los registros municipales, y considerar cancelar el registro de aquellos que no son elegibles para vivir en una vivienda. Para ello “se presentará un proyecto de ley en el Parlamento”, subrayó.
fuerza policial auxiliar antiinmigración
La reforma se produce al anunciar la creación de una unidad administrativa encargada de verificar el fraude a la asistencia social, así como el registro y la residencia válida. Según el acuerdo, su objetivo es combatir el uso fraudulento de registros y el acceso indebido a asistencia pública y beneficios sociales. Aunque no se especifica en el texto, su perfil es el de una unidad policial auxiliar en el sentido de que no sólo “detecta registros falsos y accesos indebidos a la asistencia pública” al “iniciar operaciones de inspección al primer signo de fraude”, sino que también “identifica y desarticula las redes organizadas y la mafia que operan a través de la sobreocupación de residencias y de los llamados apartamentos de Patra”. Establecer una unidad similar al estilo de la policía antiinmigración (ICE) estadounidense podría entrar en conflicto con las fuerzas de seguridad nacionales y la Ley de Legionarios, las leyes de protección de datos y la propia regulación de los registros municipales.
Aunque el texto no pide explícitamente una reforma del Código General Sanitario, lo da implícitamente cuando dice que su objetivo es garantizar “una atención (médica) accesible y de calidad a los españoles”; ignorando el requisito legal de que se proporcione también a los extranjeros residentes en España. Por otro lado, el acuerdo plantea dudas sobre la continuidad de la atención sanitaria universal al excluir “a quienes se encuentran en situaciones irregulares del acceso a prestaciones y servicios sociales estructurales, limitando su acceso únicamente a las emergencias”.
El acuerdo recoge los presupuestos ideológicos de Vox a la hora de “proteger la continuidad de la central nuclear de Almaraz”, aunque su ampliación es responsabilidad del Estado; o proponer obstaculizar la instalación de parques fotovoltaicos y eólicos. Incluye también un rechazo explícito al Acuerdo UE-Mercosur, que fue ratificado en sintonía con el Parlamento Europeo y que criminaliza a los menores no acompañados, que, lejos de garantizar su protección ante la ley, se propone impedirles “gozar de privilegios o impunidad”.
Sin embargo, Vox también se marchó con unas palabras de que la dimisión del partido extremista es tan importante como sus logros. La “prohibición del registro de objetores de conciencia (en la asistencia sanitaria)” no figuraba en el acuerdo. El Partido Ultra lo incluyó en su plataforma de 23 puntos para las negociaciones. El Partido Popular también quiso eliminar este acuerdo en la Comunidad de Madrid, pero le obligaron a activar los tribunales. Vox también parecía haberse olvidado de otro grupo en el que tradicionalmente se ha centrado: el acuerdo final no incluía la derogación de la “ley de adoctrinamiento ideológico” que exigía Vox, la Ley de Igualdad Social LGBTBI de Extremadura, una ley innovadora aprobada en 2015 por el gobierno del Partido Popular español, José Antonio Monago. Sería importante abandonar las dos medidas que más agradarían al ala ultracatólica del partido. Finalmente, se ha dejado fuera del acuerdo la reducción del número de parlamentarios extremeños, que Vox ve emblemática de su campaña para “recortar el gasto político”.