El secretario general de la Unión para la Integridad de los Funcionarios Públicos, Miguel Bernard, ha presentado una ampliación de la querella contra el actual presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, acusándole de delitos de omisión ( … omisión ilícita), el otro contra la justicia.
Por ello solicita que se incluya esta nueva acción judicial en su denuncia presentada el 8 de junio de 2026. En su denuncia, el sindicato acusó a Sánchez de no impedir la existencia de una supuesta organización criminal dentro de su partido, liderada por el secretario de organización Santos Cerdán y su colaboradora Leire Díez. Ahora, en este nuevo expediente, el alegato popular detalla siete puntos adicionales, argumentando que los imputados, actuando como fiadores, no lograron evitar que múltiples actividades presuntamente ilegales ocurrieran en su entorno. Entre las acusaciones mencionó el caso Mascarilas, el caso Begogna o la presunta financiación ilegal del partido.
Respecto al primer proceso, Manos Limpias señaló que las recientes condenas del exsecretario general de la organización, José Luis Ábalos, de su asesor Cordo García Izaguirre y del empresario Víctor de Aldama son una prueba más de que el presidente no ha impedido estas actividades ilegales. Tampoco lo hizo en relación con las supuestas actividades ilícitas de su esposa en las instalaciones de Moncloa, añadieron.
Asimismo, la organización acusa a Sánchez de no actuar en el caso de Carmen Pano (imputada en la Audiencia Nacional), quien supuestamente entregó a modo de comisión una bolsa que contenía 90.000 euros en efectivo al ex directivo del PSOE. La carta también deja entrever la pasividad de Sánchez ante la conducta de su “mentor, colaborador y colaborador”, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, acusado en la Audiencia Nacional de delitos de organización criminal, entre otros delitos.
En cuanto a su hermano, las manos limpias de Sánchez no impidieron que le asignaran un puesto “a la carta” mientras no se presentaba a trabajar. También mencionó que no tomó ninguna medida ante las denuncias de acoso sexual contra Pablo Salazar, una figura confiable del partido.
Para Manos Klins, “particularmente convincente es el intento del acusado de alegar un supuesto desconocimiento de los hechos”, argumentando que su cargo le imponía el deber legal de conocer, prevenir y prevenir estos crímenes, argumentando que el presidente tenía un deber y una capacidad genuina de actuar y que existía una relación directa entre su inacción y el resultado final.