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Ayuso rompe la frágil tregua política, con el Partido Popular centrándose más en el tono tras el trágico accidente de Adamus que en criticar al Gobierno de Sánchez para dejar constancia de que Madrid no es Andalucía y no entiende de lealtad institucional, consideración o consentimiento a un funeral de Estado, como sí hizo Moreno Bonilla.

“Cuando subes a algunos trenes no sabes en qué condiciones están porque el gobierno cambia sus normas de vez en cuando”, dijo Ayuso sobre el accidente de Adamus.

Esta semana, Isabel Díaz Ayuso, siguiendo el lema del Partido Nacional Popular, irrumpió en las ondas públicas para anunciarse a la cabeza demostrando de una nueva manera sus especiales dotes y talentos, tras el accidente del tren Adamus. ¿Por qué es necesaria la lealtad institucional? ¿Qué pasó con la decisión de Génova de que Juan Bravo compareciera ante los medios en lugar de Miguel Terrado? ¿Por qué Feijóo no aparece por el momento junto a su verbo Cayetana Álvarez de Toledo? ¿Cuándo es el momento de exigir responsabilidad política? ¿Por qué deberíamos respetar la naturaleza contemporánea de la investigación científica? ¿Cuál es el objetivo del énfasis de Moreno Bonilla en la cooperación entre administraciones públicas?

Un hombre tan astuto como el presidente de Madrid no puede entender el significado de palabras como lealtad, respeto, cooperación, solidaridad o duelo. Sin mencionar que acepta orientación de cualquiera. Sólo las sugeridas por su jefe ventrílocuo, que siempre estaba dispuesto a que sus pagadores hicieran declaraciones sobre cualquier asunto no relacionado con el delito investigado por su socio o con la administración del gobierno de Madrid. Hubiera sido mejor si hubiera habido una decapitación por delante, porque si le hubieran dado espacio para improvisar se habría perdido en un laberinto de comentarios apresurados.

El hecho es que rompió unilateralmente una frágil tregua política, y el PPP se centró más en el tono que en las críticas al gobierno tras el trágico accidente. Y para ello Onda Madrid, en una región de más de 7 millones de habitantes, no llega ni a los 10.000 oyentes, pero Ayuso sigue abierta a los empleos que promete, encargada de emitir entrevistas de las que ni el 0,1% de los madrileños ha oído hablar, para demostrar que Madrid no es como Andalucía, ni como el Palacio de San Telmo en la Puerta del Sol. Si la presidenta Moreno se ha mostrado cautelosa con el Partido Popular en estos días de luto nacional, no entiende de contemplación ni de duelo, salvo rezar por el alma del difunto, que por alguna razón pasó de ser un ateo confeso a ser un bendito de colores sobrios y, llegado el caso, incluso con un rosario en las manos y un pañuelo en la cabeza.

Así que en lugar de un funeral de Estado o un fandango en Huelva, ha pedido al Arzobispo de Madrid que siga su nuevo mandato divino de celebrar una misa fúnebre en la Catedral de la Almudena para orar por las víctimas del accidente de Adamuz, en el que murieron al menos 45 personas. Ya sabe que la tradicional presidenta madrileña volvió a su fe tras décadas de agnosticismo declarado, tras la primera ola de la pandemia, “después de asistir a varias misas y después de que mucha gente me dijera que estaban rezando por mí”. Gracias a Dios no le dijeron en la calle que tenía modales de reina, porque hoy se obligaría a que la llamaran Su Majestad.

Ya sea soberano o banal, lo cierto es que los inquilinos de la Puerta del Sol combinan los verbos con “rogar” y “mazar”. Nadie mejor que ella encarna la frase “pide a Dios, da con un martillo”, frase muy utilizada para criticar la doble moral. Es decir, orar y hacer el mal al mismo tiempo. Unos cuantos ejemplares de “Padres Nuestros” bastaron para limpiarlo de sus habituales maldiciones, invectivas y mentiras. Por ejemplo, tras el trágico accidente ferroviario, el ministro del departamento celebró dos ruedas de prensa y concedió más de una decena de entrevistas en diferentes medios de comunicación en menos de 72 horas, pero insistió sin pestañear en que el gobierno había aplicado una “ley del silencio”. O que Oscar Puente simplemente intentaba ganar tiempo para encontrar al culpable cuando la investigación científica no tenía pruebas concluyentes para una sola hipótesis sobre la causa del incidente. O para referirse con desprecio a los “medios del régimen” del gobierno de Pedro Sánchez, que invierten millones de euros cada año desde la Puerta del Sol en medios digitales, pseudoperiodistas y Brero profesionales para que puedan difundir su credo y, en el proceso, encubrir todos sus sufrimientos y transgresiones. O que ahora exige responsabilidades “porque no sabemos qué pasó” porque las familias de los 7.291 ancianos que murieron en viviendas públicas durante la pandemia debido a los llamados protocolos vergonzosos no han recibido más que humillaciones y humillaciones por parte del gobierno.

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