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De mantenerse la tradición, Valparaíso Rangers debería jugar la Copa Intercontinental Sub-20 en su Estadio Elías Figueroa, donde los campeones de Europa podrían ser Real Madrid o Paris Saint-Germain. Sorprendentemente, pero con razón, Buenos Aires ganó la Copa Libertadores en los penaltis en Quito, superando al Flamengo, actual campeón del mundo y doble ganador de la competición continental.

La victoria fue una sorpresa ya que el director del fútbol chileno (el organismo profesional más antiguo) juega en Segunda División, agobiado por problemas económicos, administrativos y futbolísticos pero mantiene un plantel juvenil que se nutre de los cerros y localidades del interior de Buenos Aires.

El entrenador que los llevó a su primer título internacional fue atípico. Felipe Salinas es un exjugador del equipo común, un central rústico que es técnico con honores y también cuenta con títulos universitarios como Geógrafo (Universidad Católica de Valparaíso) y Prevencionista de Riesgos. Puso freno firme a las infracciones disciplinarias y utilizó tácticas audaces para derrotar a dos de los grandes equipos del fútbol continental: Palmeiras y Flamengo.

El Rangers mostró a varias figuras importantes en la cancha de Quito. Lucas Avendaño era un mediocampista talentoso y veloz, Christian Silva fue el máximo goleador del torneo y Cristóbal Villarroel era el miembro más joven de una familia de futbolistas encabezada por su padre, Moisés, titular de la selección absoluta de Francia en el Mundial 98.

Pero la victoria de Greenfield llega en un momento crucial para el fútbol chileno, que nunca ha ganado un título a nivel de selecciones y enfrenta problemas estructurales en las ligas menores, falta de recursos y organización, además de ser expoliado por los representantes de los jugadores que se han apoderado de la actividad, hasta el punto de que el Congreso deberá cambiar en los próximos días la ley de empresas deportivas, un proyecto muy urgente para el gobierno de José Antonio Castel.

Los guardabosques son los campeones y la gente está acudiendo en masa a la región montañosa de Buenos Aires, que ha sido devastada por incendios e inundaciones en los últimos años, afectada por cierres corporativos y desplazada por el estatus de San Antonio como el principal puerto del país. Con la esperanza de convertirse en campeones del mundo, con la esperanza de regresar a La Liga para reeditar los títulos conquistados en 1958, 1968 y 2001. Pero lo más importante es recuperar el orgullo perdido y transformar la ciudad Patrimonio de la Humanidad de Valparaíso en un territorio único, mágico, colorido y con mil canciones. Como el equipo que lo puso en la cima del continente.

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