Los gases lacrimógenos inundaron por segunda vez esta semana la capital administrativa de Bolivia, La Paz. El viernes, la policía antidisturbios repelió a los manifestantes que pedían la dimisión de Rodrigo Paz e intentaron abrirse paso con petardos y explosivos. Un grupo en El Alto intentó incluso bloquear el acceso al aeropuerto internacional. Los pueblos indígenas aymaras y quechuas, trabajadores sindicales y mineros asalariados se reunieron temprano en la cercana ciudad de El Alto antes de marchar hacia la Plaza Murillo, sede del poder ejecutivo y legislativo. Su avance hacia el centro de la ciudad se encontró sin problemas, a diferencia de lo ocurrido el lunes, cuando se denunciaron vandalismo y saqueo de infraestructuras públicas. Los enfrentamientos estallaron el viernes cuando los manifestantes intentaron romper los cordones policiales y las fuerzas públicas respondieron con gas venenoso.
Al mediodía, el centro de La Paz volvió a convertirse en un campo de batalla, con transeúntes huyendo en todas direcciones y funcionarios públicos evacuando sus puestos de trabajo. Los manifestantes, cuyas demandas iban desde quejas sobre la gestión gubernamental hasta pedidos de renuncia del presidente, intentaron ingresar a la Plaza Murillo por diferentes frentes. Una vez dispersados por agentes químicos, se reagrupan y prueban nuevos avances. La Paz ha estado sitiada durante casi tres semanas, con sus principales entradas y salidas bloqueadas para ejercer presión. El gobierno lanzó vuelos humanitarios para suministrar carne y otros alimentos a la ciudad.
Mientras la ciudad se calentaba, grupos de vecinos de El Alto, la segunda ciudad más poblada del país con una población mayoritariamente indígena y refugio de manifestantes, rodearon la entrada al aeropuerto internacional de la ciudad, que pronto fue custodiada por la policía.
Varios grupos populares movilizados denunciaron haber sido excluidos de las políticas gubernamentales, que duraron sólo seis meses. Las demandas van desde un aumento salarial del 30% hasta obligar al presidente a dejar el cargo. Paz anunció el miércoles que reorganizaría su gabinete de ministros “para estar más cerca del pueblo” y establecería un comité socioeconómico para trabajar con la sociedad civil para desarrollar normas.
Protesta contra el encierro
La noticia hizo poco para calmar a los manifestantes. En respuesta, la clase media urbana salió el jueves a diferentes capitales de provincia para protestar contra el confinamiento y los daños económicos que ha causado. En Santa Cruz, la capital económica del país, un consejo ciudadano anunció que lanzaría medidas de presión graduales si los viajes por tierra en el país no se restablecen después del fin de semana.
La crisis que ha puesto a Paas en problemas no es sólo política sino también económica. A partir de 2023, el país experimentará una grave falta de liquidez en dólares, debido principalmente a una caída del 60% en las exportaciones de gas natural durante la última década. La elección de un presidente de centroderecha no ha logrado revertir la situación: el Fondo Monetario Internacional predice que el producto interior bruto (PIB) del país se contraerá un 3,3% a finales de año y la inflación superará el 20%.