Hay lugares donde la naturaleza es ley y el tiempo lo marcan las estaciones, los senderos y el silencio del bosque. Begoña Almeida en el Parque Natural de la Montaña Palentina, al norte de Castilla y León … Quienes hacen de la conservación una forma de vida. Su vida cotidiana transcurre entre montañas, bosques de robles y hayas, siguiendo las huellas de un animal emblemático pero esquivo: el oso pardo cantábrico.
Es miembro de la Patrulla de la Fundación Oso Pardo desde 1995 y asegura que cada mañana va a trabajar satisfecho y feliz, sin rutina ya que cada día es diferente. Se formó como capataz forestal y era la única mujer de su promoción, pero su destino estuvo claro desde el principio: “Mi pasión son los osos, por eso me uní exclusivamente a la Fundación Oso Pardo, que trabaja para proteger esta especie desde 1992”. En 1995, Begogna empezó a patrullar estas montañas. Desde entonces, su vida ha sido un constante equilibrio entre observación, ciencia e intuición.
El Parque Natural Monte Palentina es una de las mayores reservas de biodiversidad de la Cordillera Cantábrica. Aquí nacen ríos como el Carrión y el Pisuega, y conviven especies icónicas como el lobo, el corzo y el urogallo. Pero el oso pardo es su símbolo. Lleva décadas a punto de desaparecer, quedando sólo unos pocos ejemplares debido a la presión humana. Hoy hay esperanzas de su recuperación. En recuperación, cada señal cuenta.
“Espero y me pongo en una posición estratégica para ver si tengo la suerte de ver algún ejemplar… si es un bebé, es un momento especial”, explicó Begogna. Tu trabajo es ver… y saber ver. Porque muchas veces los osos no aparecen. Luego entran en juego huellas en el barro, restos de pelo, excrementos… los más pequeños signos nos permiten reconstruir la presencia del animal en este espacio natural.
Especies paraguas
El oso pardo cantábrico es una especie paraguas, y protegerlo significa proteger todo lo que le rodea. Necesita grandes extensiones de bosque, tranquilidad y abundante comida. El equilibrio es especialmente delicado en primavera, cuando las osas salen con sus cachorros. En verano y otoño, las bayas forman su dieta. En invierno, todo está en silencio bajo la nieve. “No puedo elegir ninguna emisora, cada momento es único y diferente”, admite Begogna.
Pero trabajar en este campo no se trata sólo de pensar en la naturaleza. Vive con ella. Esto significa aceptar encuentros impredecibles. “He tenido varios encuentros con osos. La última vez que escuché un ruido, pensé que era un campesino sureño… y luego vi un oso. Retrocedí sorprendido y tropecé con una roca porque llevaba una mochila de trabajo pesada y caí de espaldas. El oso se dio la vuelta pero no me vio y siguió caminando”.
Begogna, que vive en Cervera de Pisuerga dentro del parque, conoce este privilegio. “Sabemos que es fantástico vivir en un parque natural, pero la conservación no puede sostenerse sin las personas que viven en la zona, y debemos apoyar a quienes viven en zonas rurales. “Reconoce que los parques crean una economía (turismo, hospitalidad, negocios) que se nutre de los ganaderos y agricultores de la zona. La relación entre las personas y el territorio destaca la serie documental Vida Protegida, que muestra cómo la intervención humana basada en el conocimiento y el respeto puede ayudar a proteger y mejorar estos entornos.
Porque en un parque natural todo está conectado. Nada funciona solo. En este marco, la labor de los guardabosques es casi invisible pero imprescindible. No se trata sólo de proteger una especie, sino de mantener vivo todo el sistema.
A veces este esfuerzo se manifiesta en una fracción de segundo. “Si pudiera ver una osa y su cachorro en primavera, sería fantástico para mí”. Todo encaja en esta imagen: el pasado de una especie al borde de la desaparición, su recuperación presente y la esperanza para el futuro.
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