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El régimen de Daniel Ortega ordenó la eliminación de la doble ciudadanía en Nicaragua a partir del martes. El artículo 23 de la Constitución Política, reformada en el segundo período legislativo por la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo, dice: “Se perderá la adquisición de otra nacionalidad nicaragüense”. La medida, anunciada en mayo de 2025 y ahora sujeta a una segunda votación, es parte de un proceso integral para revisar la Carta Magna para garantizar el poder permanente de Ortega y su esposa y copresidenta Rosario Murillo, enterrar los restos de la separación de poderes y transformar prácticas represivas de facto hasta ahora (como la cancelación de la nacionalidad opositora) en normas constitucionales.

La abolición del derecho a la doble ciudadanía fue anunciada en el acto oficial del natalicio de Augusto C. Sandino en 2025. Representantes oficialistas leyeron una exposición de motivos sobre las reformas constitucionales ordenadas por Ortega y Murillo, asegurando que eran de carácter “antiimperialista” y apuntaban a frenar la llamada “injerencia extranjera”. Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional y uno de los principales operadores políticos del copresidente, dijo: “El argumento (a favor de la reforma) es absolutamente sólido: es un argumento histórico, pero también es cierto; nadie debe servir a dos patrias”.

El anuncio de la abolición de la doble ciudadanía provocó ansiedad entre la mayoría de la gente. Decenas de nicaragüenses recurrieron a las redes sociales para expresar su descontento y dudas sobre los cambios constitucionales, una medida inusual en un país que durante mucho tiempo ha temido hablar públicamente por el riesgo de represalias criminales. La principal preocupación es si la pérdida de la nacionalidad será retroactiva y afectará a miles de nicaragüenses que poseen una o más ciudadanías. Días después, el propio Porras apareció en televisión para asegurar que las normas no se aplicarían con carácter retroactivo. “Deben mantener la calma”, dijo el portavoz.

La promesa de que las reformas no serían retroactivas sigue siendo cuestionada por los críticos del régimen sandinista. El abogado Juan Diego Barberena dijo que la versión oficial era “contraria a los hechos”. En febrero de 2023, el régimen Ortega-Murillo privó de su nacionalidad a 222 presos políticos y los deportó a Estados Unidos como apátridas. Unos días después repitió esta medida con 94 exiliados más. En ese momento, Nicaragua no contaba con ninguna reforma constitucional existente que protegiera legalmente la decisión, pero fue de facto.

El régimen dictó la Ley N° 1190 el 22 de enero de 2024 comunicado. La ley modifica el artículo 21 de la Constitución para permitir la privación de la nacionalidad a aquellos considerados “traidores”. En otras palabras, el Estado sólo aprobó el marco legal casi un año después de implementar la medida, lo que viola descaradamente el principio universal de no retroactividad en la protección de los derechos de los ciudadanos en cualquier país regido por el estado de derecho.

Barberena también argumentó que esta disposición constitucional no era nueva sino una reversión deliberada de reformas anteriores. “La Constitución de 1987 establece que la nacionalidad nicaragüense se puede perder adquiriendo voluntariamente otra nacionalidad. Pero la reforma de 2000 eliminó ese derecho a perder, para no inhibir electoralmente a los exiliados que adquirieron otra nacionalidad en los años setenta y ochenta”, detalla.

Para los juristas en el exilio, lo que el régimen está haciendo ahora es revocar esa garantía con el claro propósito de hacerlo. “Refuerzan los motivos de supresión electoral. No sólo por traición, sino también por la adquisición de otra nacionalidad, como la española. Se trata de una doble prohibición que impide a estas personas aspirar a ocupar cargos públicos”, advirtió, en referencia a las decenas de opositores a la naturalización española.

Los críticos insisten en que las reformas apuntan directamente a los expatriados que han huido de la represión desde la brutal represión de las protestas antigubernamentales en 2018 y han logrado encontrar refugio y naturalizarse en países como Costa Rica, España o Estados Unidos. Al mismo tiempo, el régimen amenaza con despojar de la ciudadanía a cualquiera que clasifique como “traidor a la patria”, etiqueta que el gobierno utiliza a su discreción sin pruebas ni proceso legal formal y que también implica confiscar activos.

En una votación para un nuevo segundo mandato reformado, el partido gobernante insiste en una narrativa diferente. “Nicaragua, en el ejercicio de su soberanía, debe garantizar que su ciudadanía no sea explotada por intereses extranjeros o conflictivos. La identidad nicaragüense no es un título, sino un acto de compromiso con la defensa de la independencia, la soberanía y la autodeterminación. Quien elija otra bandera renuncia voluntariamente a su estatus en la patria sandinista.”

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