Lo que asusta no es sólo lo que Samuel (17) olió, tragó y consumió en su juventud, sino también su forma descuidada de hablar de ello, escribe Ángela de Jong. Como si fuera completamente normal.
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Lo que asusta no es sólo lo que Samuel (17) olió, tragó y consumió en su juventud, sino también su forma descuidada de hablar de ello, escribe Ángela de Jong. Como si fuera completamente normal.
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