Uno de los errores más comunes a la hora de elegir una copa de vino es centrarse únicamente en la estética y no entenderla como una herramienta para servir el vino. Porque, además de ser bonito y transparente, debería ayudarte a aprovechar al máximo tu experiencia sensorial. “Para disfrutarlo como se debe, es necesario que tenga una forma específica”, afirma Jordi Segura, propietario de Euroselecció, distribuidor español de Riedel, y destaca que la diferencia entre copas de vino blanco y tinto es una gran mejora. “Lo más cómodo es beber vino blanco en una copa de tinto, pero luego no lo apreciarás y no tendrás una gran experiencia sensorial”, apunta. Para los principiantes o los que no quieran complicarse demasiado, la elección se resume de forma sencilla: las gafas blancas son de tamaño mediano y las rojas son de tamaño grande.
Continuar leyendo
Una breve guía para evitar perderse entre tragos
Para vino blanco:
- cáliz más pequeño– Ayuda a mantenerse fresco por más tiempo.
- boca más estrecha: Concentra el aroma más sutil del vino blanco.
- forma más vertical: Ideal para vinos con acidez refrescante.
- en conclusión: Los vinos blancos no necesitan tanta oxidación a menos que envejezcan por más tiempo, razón por la cual el vidrio se recoge más. Esta forma también se recomienda para vinos espumosos.
Para vino tinto:
- El cáliz es más grande y ancho.: Permite que el vino se oxide mejor.
- Abre más la boca: Más fácil de percibir todos los aromas complejos.
- Mayor superficie de contacto con el aire.: Realza el sabor y suaviza los taninos.
- en conclusión: Los rojos tienden a ser más estructurales y por tanto necesitan respirar.